La falacia del interclasismo

Un debate recurrente en las organizaciones de izquierda nacionalista canaria es la ya manida discusión acerca de la conveniencia de adoptar una táctica interclasista en el camino de la construcción nacional. Frecuentemente, esta cuestión ha sido planteada como una necesidad o un “mal menor” que pudiera llevar a estadios superiores de desarrollo en la lucha por la autodeterminación, independencia, etc. Histórica es ya la explicación que dio José Carlos Mauricio a la integración de ICAN en Coalición Canaria a los críticos con aquella aventura: “Lo que algunos no entienden es que esto funciona como la coalición nacional de Ho Chi Minh”. Como vemos, José Carlos nunca tuvo reparos en compararse con los más grandes.

En nuestra opinión, todo el debate es un pequeño gran despropósito. Ahondemos primero en el uso del término “interclasismo”. Normalmente se denomina “alianza interclasista” a la unión, se supone que más o menos coyuntural, de fuerzas de derechas e izquierdas, que abandonan sus diferentes concepciones acerca de la sociedad, la economía, etc. con el fin de conseguir un fin común que se considera superior a las diferencias citadas. Así, las fuerzas nacionalistas de derecha e izquierda pueden llegar a someter el resto de su ideario al objetivo final de la independencia, autodeterminación, incremento del autogobierno, etc. De alguna manera, los gobiernos de reconstrucción nacional surgidos en Europa tras la II Guerra Mundial respondían a cálculos parecidos, dando pie a la entrada de los partidos comunistas en los gabinetes, de la mano de partidos liberales, conservadores, etc. :al menos en la retórica oficial.

Ahora bien, a nuestro juicio, lo verdaderamente interesante de este problema es constatar cómo aún se sigue considerando, en una perspectiva bastante conservadora, a los partidos políticos como representantes de los intereses de una clase. Este hecho nos parece bastante discutible. Los partidos políticos que actualmente conocemos, y en algún caso padecemos, suelen ser aparatos burocráticos al servicio de intereses de muy diversos tipos y, rara vez, podemos identificar, por ejemplo, al “gran capital” con un partido político en exclusiva. Esto es apreciable en la medida en que aquél financia a partidos de distinto signo en las convocatorias electorales. Y sobre todo en la amplia coincidencia que demuestran partidos supuestamente enfrentados, léase PP y PSOE, a la hora de acometer la política macroeconómica. Los partidos más minoritarios de la izquierda, en su voluntad de dejar de serlo, no se sustraen de tratar de representar intereses cada vez más diversos. Y así tratan de ocupar el centro político.

Asimismo, la actual composición de las organizaciones políticas en sentido amplio no parece indicar correspondencias unívocas con una determinada extracción social. Más bien, son las personas que han alcanzado un determinado nivel cultural y gozan de un tiempo y bienestar más que suficientes las que pueden dedicar algún tiempo de su vida a la participación política. La representación de los obreros en los partidos llamados obreros suele ser más bien escasa. Son amplios los apoyos a los partidos de la derecha en los “barrios populares”. Los mejores resultados de, por ejemplo, Izquierda Unida Canaria, hemos de encontrarlos en zonas urbanas de clase media-alta. El concepto mismo de clase merece una revisión a fondo. Seguir manejando a estas alturas, como comúnmente se hace, una categoría en función del acceso y/o posesión de medios de producción, etc., resulta de una pobreza intelectual que no nos podemos permitir. Ya no nos vale con la conciencia en sí y la conciencia para sí. Sin embargo, escapa al propósito de estas líneas tan ambicioso cometido.

Bien, si todo esto es así, no cabe pensar que Canarias y sus organizaciones políticas escapen a estas dinámicas tan contundentes, en una suerte de excepcionalismo casi esotérico. El debate del interclasismo en el seno de las organizaciones nacionalistas canarias no deja de ser una reducción al absurdo así como una soberana pérdida de tiempo. Por todo lo arriba comentado y sobre todo por lo siguiente: son organizaciones tan minúsculas que mejor harían en dedicar sus escasas fuerzas al crecimiento organizativo, a la renovación ideológica y humana, etc. que a hacer cuentas a ver cómo se puede pactar con tal o cual partido sin quedarnos demasiado maltrechos. La experiencia nos dice, además, que suelen ser las organizaciones de izquierdas las que salen mal paradas de estos experimentos.

Creemos que las tareas del momento pasan más por la renovación crítica de los fundamentos ideológicos en los que se ha venido moviendo el nacionalismo de izquierda los últimos treinta años que en imitar la política saltimbanqui de quien, hoy ya retirado, hizo tanto daño a la izquierda canaria. A ese ingente propósito se consagrarán estas páginas y las siguientes.

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~ por Josemi en Miércoles 22 agosto 07.

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