El andar de la perrita

A siete meses escasos de las elecciones generales, comienzan los partidos políticos canarios el teatrillo acostumbrado. Por un lado, Coalición se pone el disfraz de “único y legítimo representante de los intereses de las islas” y arma la comedieta de poner distancias, más, con el PSOE. Los socialistas, que se indignan, y razón no les falta, interpretan el papel de “los únicos con altura de miras e interés de Estado”. Por otro lado, en segundo plano, los populares esperan recoger los frutos de todo esto, aunque no parece que en Canarias la cosecha pinte buena.

El porqué los señores que van de estadistas, representantes de la ciudadanía y hasta padres de la patria durante toda la legislatura, se enredan en estas chiquilladas a poco que se acercan las elecciones, sigue siendo un misterio. La última, la de Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias (hay que recordárselo) que no se fía de que el Gobierno de España vaya a cumplir, más concretamente su homónimo, los compromisos en materia de financiación y Reforma del Estatuto y dice que, a su fino olfato, “no le gusta el andar de la perrita”. Y es que, como todos sabemos, no hay nada mejor para hacer que avance la Reforma del Estatuto y el autogobierno que pactar en Canarias con las perritas que un día lo calificaron como “estatuto nacionalsocialista”, votando en su contra.

Siguiendo con el teatrillo de la reforma estatutaria, Coalición afirma, con gesto grave y trágico, estar dispuesta a ceder en lo de la “lista nacional”, como si esto supusiera una gran renuncia. A tal punto llega la desvergüenza de Coalición que, lo que supondría un innegable avance desde el punto de vista democrático y la cohesión nacional de Canarias, les parece a ellos, nacionalistas de pastiche, un mal menor siempre y cuando puedan seguir manejando a conveniencia el asunto de los topes insulares y el Parlamento Canario siga siendo cosa de cuatro. Más sirve a la unidad de nuestras islas y de sus gentes así como a la calidad democrática de nuestro país, el hecho incontestable de que todos los ciudadanos votemos al mismo candidato a la Presidencia de nuestro gobierno que las innumerables parrandas oficiales al servicio del régimen, con las que nos saturan en época electoral. 

En definitiva, un elemento tan importante para el autogobierno como el mismísimo texto estatutario merecería como mínimo otro comportamiento público, otra altura política. Más allá de la marrullería y los dimes y diretes de la confrontación en la arena pública, se hacen necesarios otros estilos y formas. Puestos a hablar sobre “andares”, los de Paulino Rivero tampoco es que sean especialmente de fiar, teniendo como tiene a tanto correligionario bajo la luz de la sospecha judicial. Y si lo que le gusta al Sr. Rivero, es el refranero canario, nosotros también sabemos alguno que nos viene mucho a la cabeza cuando leemos sus declaraciones: ¡Guárdame una cría de la echaúra!

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~ por Josemi en Miércoles 5 septiembre 07.

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