¡Viva Canarias laica!

Pepa Luzardo no asiste a la Romería del Pino porque “no está obligada a asistir a actos religiosos”, dice. Uno tiene la sospecha de que más de una misa, procesión, etc. ha contado con la insigne presencia de la ex-alcaldesa popular de Las Palmas y que lo que sucede es que todavía no se le ha pasado la llantina de haber perdido la mayoría absoluta para, acto seguido, entregársela a tu máximo contrincante. Y que la cuestión de la separación Iglesia-Estado no tiene ni en Luzardo ni en las huestes peperas un firme bastión inexpugnable.

Sin embargo, siendo justos, son escasísimos los ejemplos de cargos públicos canarios que saben estar a la altura de lo que se supone que debe ser el comportamiento de las autoridades civiles en un Estado aconfesional. La norma sigue siendo la heredada del franquismo y así, es habitual ver a políticos de todo color (Partido Popular, Coalición Canaria, Partido Socialista, Nueva Canarias, etc.) cómodamente sentados, de pie o arrodillados (lo que toque) en comandita con los Capitanes Generales de Zona, o el cabo furriel en su ausencia, y la curia con sus mejores galas. Sólo en aquellas zonas donde ha echado raíces una iglesia de base, comprometida y muchas veces cercana al nacionalismo de izquierda podemos apreciar comportamientos diferentes, aunque tampoco podamos calificarlos en sentido estricto dignos del laicismo que propugnamos.  

En las sociedades modernas, avanzadas, los asuntos religiosos no ocupan, salvo ocasiones excepcionales, el espacio de la vida pública. Tan ordinaria es la separación de las cuestiones civiles y religiosas que sería inaudito, por ejemplo, en Francia, contemplar la imagen del presidente de la nación, escarranchado delante de una pieza de imaginería, mientras que los “fieles” ofrendan los frutos de la tierra ante la bendición del obispo. No es ni de lejos ése el lugar que corresponde a la persona sobre la que ha recaído el mandato popular, independientemente de nuestro acuerdo o desacuerdo con su orientación ideológica. Y bien haría el mismo en mantenerse al margen de las creencias religiosas de las personas, que deben ser un tema estrictamente personal.

En Canarias, los dirigentes autodenominados progresistas no han representado en ese sentido ningún avance en la normalización de los viejos vicios heredados de la dictadura. Se han limitado a callar y obedecer, poniendo el mandato popular a los pies de los caballos, aduciendo razones electoralistas, o a mirar para otro lado murmurando “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”, en el mejor de los casos. Ni siquiera los que presumen de masones en los petits comités pueden hacer alarde de un comportamiento diferente a quienes vivieron muy bien en aquellos oscuros tiempos de una iglesia conchabada con el fascismo. Hablando de esto último, y como triste ejemplo de lo que se denuncia en este post, se acercan las fiestas del Cristo de La Laguna y volveremos a ver a Ani Oramas desfilar detrás del pendón. Claro, ¡sí es que pueden sacar el pendón! 

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~ por Josemi en Sábado 8 septiembre 07.

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