Nos espera la democracia.

Todos los medios, incluso los afines a Coalición Canaria, coinciden en el éxito de la manifestación por la defensa del suelo rústico de La Laguna del pasado sábado 15. Aunque, como suele suceder, no hay manera de enterarse, ni desde la metrópolis ni desde ningún lado, de una cifra más o menos fiable de asistentes (entre 2.000 y 5.000), las diferentes fuentes dan cuenta de una manifestación nutrida, colorida y muy plural, como suele ser habitual a no ser que nos juntemos los cuatro amigos que pensamos exactamente igual.

Lo que sucedió el sábado en La Laguna, como casi todo en esta vida, tiene muchos significados y a desentrañarlos se dedicarán esta semana los sesudos contertulios, pero, a nuestro juicio, dos de ellos sobresalen de las declaraciones y testimonios de los protagonistas. Uno primero tiene que ver con la edición de otro episodio más en la defensa del suelo rústico que tiene en el municipio lagunero su principal bastión. Desde las primeras movilizaciones, allá por el año noventa y cinco, contra la Vía de Ronda y continuando con las protestas ganaderas contra el nuevo P.G.O.U. de los años noventa y nueve y dos mil, la historia de este movimiento plural en el que confluyen ganaderos, ecologistas, vecinos, la izquierda social en sentido amplio, etc. es la historia de una sucesión de experiencias reivindicativas de alto calado. Estas experiencias han puesto en jaque a la clase política más de una vez y, entre otras cosas, provocaron el fallecimiento público de Elfidio Alonso, antes alcalde y ahora pregonero. No hay demasiados ejemplos de continuidad de lucha social en Canarias como para desperdiciar las enseñanzas que se pueden extraer del ejemplo lagunero: un movimiento de base, bastante autónomo, donde los afectados son los verdaderos protagonistas, con capacidad para elaborar propuestas,…

En segundo lugar, parece importante insistir en la evidente pluralidad de las movilizaciones que hoy nos ocupan. Es imposible adscribir lo que sucedió el sábado pasado en La Laguna a tal o cual organización política o de cualquier otro tipo. Constatar esto es evitar el sempiterno error de la izquierda radical y la izquierda nacionalista que, desnortada como está, ha identificado en el pasado manifestantes con votantes y sobrevalorado sus propias expectativas electorales. Es evidente que en una manifestación así habría votantes del Partido Socialista, del Partido Popular, Coalición Canaria, abstencionistas, etc. Esto no resta un ápice de interés o legitimidad a la misma pero hace falta decirlo claramente antes de que el optimismo se transforme en euforia y comiencen los tradicionales llamamientos a la unidad electoral y  demás aspavientos.

En fin, aparte de todo esto, disfrutemos de ver cómo la sociedad sigue viva y con capacidad de respuesta ante los desmanes de los de siempre. Seamos optimistas también. Como dijo una lagunera en un momento del espléndido seguimiento que de la manifestación hizo Radio San Borondón: “¡Nos espera la democracia!” Pues eso, a esperarla, pero no sentados.

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~ por Josemi en Domingo 16 septiembre 07.

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