La extraña pareja.

Da igual los años que se pasen fuera de las islas. Uno puede estar seguro de que hay determinadas cosas de la actualidad canaria que no van a cambiar. Y entre todas, destaca sobremanera la enésima reaparición de Lorenzo Olarte, que no para quieto. Forma parte, junto al inefable “Marqués de La Oliva”, Domingo González Navarro, de esa casta de políticos nacidos al calor del tardofranquismo y la primera democracia y que jamás integraron pensamiento democrático alguno, ni ganas. Es una familia numerosa. Muchos de sus miembros integran hoy el nacionalismo de nuevo cuño canario, pero hoy sólo me referiré a esta “extraña pareja”. 

No pretendo hacer una biografía del primero, aunque íntimamente anhelo el día que algún avezado periodista canario se atreva a publicar un trabajo sobre tan interesante itinerario vital. Supera mis propósitos aquí y ahora referirme a Puerto Mairena, su gestión de La Caja, su salida de Coalición,… Se trata sólo de que no puede uno evitar una sonrisa cuando lee al viejo Lorenzo desgranando sus particulares claves acerca de los procesos de unificación nacionalista que hay ahora mismo en discusión. Dice el gallego que “ante el desprecio perfectamente adornado” que sufrió por la gente de ATI y el trato “muy positivo” recibido de Román Rodríguez “prefiere pactar con Nueva Canarias que con Coalición Canaria”. A renglón seguido, afirma que “el pueblo (le) dijo que ya estaba bien de Olarte y Olarte quiere aceptar lo que dice el pueblo”. No se sabe que es más risible: si la concepción ultrapersonalista de quien todo lo mide en función del trato a su persona o el desliz freudiano por el cual “prefiere pactar” con unos antes que con otros para rápidamente aclarar que él está retirado, en estricta obediencia a lo expresado por su pueblo.  O también esa tercera persona referida a sí mismo a lo Julio César en La guerra de las Galias. Desde luego, genio y figura hasta…

Fuerteventura, donde el “Marqués” sigue haciendo de las suyas. Mil veces muerto y enterrado, renace de sus cenizas el penúltimo resto de la Canarias caciquil que creíamos extinguida. Maquina ahora el hombre contra el pacto PP-CC que Soria urdió pero que se le puede venir abajo a poco que los socialistas majoreros se reboten, me cuentan, por mucho que Alcaraz se empeñe. La Oliva sigue siendo un municipio muy jugoso y permitir que quede en manos de Claudina Morales no es plato de buen gusto para el prestigioso gasolinero. Escarmentado durante un tiempo por el “caso del topógrafo” y el “caso del kilillo”, siempre a punto de seguir el camino de Dimas, “el buen ladrón”, ahora ataca González Arroyo con una maniobra más sibilina: empezar por La Oliva la reconquista frente al sector oficialista soriano de Águeda Montelongo. Y así dividirse la isla que ríanse ustedes de la pared de los majos: el norte para el Marqués y el sur para Blas Acosta.

En fin, que “la extraña pareja” sigue en plena forma. Como en la genial película de Gene Saks, los dos divorciados, Jack Lemmon y Walter Mathau, sacan a flote lo peor de sí mismos, demostrando por qué han sido abandonados, de igual manera Olarte y el “Marqués” apenas abren la boca nos recuerdan por qué tanto uno como otro deben formar cuanto antes parte del pasado, un pasado gris y perfectamente olvidable. Sólo que éstos, risas aparte, no tienen maldita la gracia. Y si no que se lo pregunten a Tindaya.

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~ por Josemi en Martes 25 septiembre 07.

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