Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado y Miguel Zerolo no estará en ella

Miguel Zerolo acaba de cruzar una frontera que hacía tiempo que no traspasaba, la de presentarse como mártir del nacionalismo canario ante una supuesta campaña de acoso y derribo en la que todos confabulan contra él. Ése es el tono y el propósito de la columna publicada hoy, domingo treinta, en El Día: la prensa grancanaria, López Aguilar, Madrid,… todos conchabados conspiran contra él y, aunque no mencionó al poder judicial, es obvio que es precisamente eso lo que llevaba en mente, cuando escribió el artículo, suponiendo que lo haya escrito él. Así, el alcalde con más suerte en la lotería de cuantos hemos padecido, anda, errático, como un animal herido que no sabe adónde ir ni dónde parar, sólo ante la certeza de saber que su fin está cerca. Es, sin duda, el principio de su fin. 

Sólo esta situación agónica de quien se siente acorralado ante el peso de la ley explica que el máximo promotor de Las Teresitas se permita parafrasear a Pedro García Cabrera, lance flores a  Juan Manuel García Ramos, defienda la “moratoria poblacional” –porque la otra ya tiene los días contados gracias a las derechonas canaria y española-, las históricas libertades fiscales canarias, el petróleo, la unión de Canarias –algo que ATI tiene muy presente, como todos sabemos-, el nuevo nacionalismo canario, etc. y todo esto en un mismo artículo. No criticamos su estilo ampuloso y sus excesos verbales sino la enorme caradura que demuestra al presentarse como ideólogo y víctima a la vez: ideólogo de un “nuevo nacionalismo canario” que se supone que encarnaría Coalición Canaria; víctima de inquisidores de Gran Canaria, empeñados en hacerlo aparecer como un títere en manos de oscuros intereses. Excusatio non petita, acusatio manifesta. Mejor haría Zerolo, en vez de torturarnos con su columna dominical, en dedicar tiempo a preparar su defensa ante el juez, que buena falta le hace. 

Asistimos a los últimos estertores de un político que comenzó como niño prodigio del chicharrerismo profundo de la UCD post-franquista, reconvertido al insularismo de las AIC y metido a veinte mil manejos y asuntos turbios. Lo que hoy contemplamos es el ocaso de una clase de político que por desgracia abunda en nuestras islas, el que cree que el cargo le pertenece por origen y casta y concibe los apoyos sucesivos en las elecciones como un cheque en blanco que da carta libre para casi todo. Sin embargo, a la vez, asistimos al comienzo de un nuevo ciclo, donde estos elementos no sólo no podrán ya moverse en la impunidad en la que se habían movido hasta ahora sino que tendrán que dar cuentas de sus desmanes. Y eso es lo que pone terriblemente nervioso a Zerolo, el saber que él y los que han participado de su siniestro gobierno, ya no tendrán nada que hacer ni que decir en esa isla que no sea silencio amordazado.

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~ por Josemi en Domingo 30 septiembre 07.

Una respuesta to “Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado y Miguel Zerolo no estará en ella”

  1. […] un sueño. En ese sueño, el amigo de Barragán y la niña de Rajoy vivían en perfecta armonía en esa isla que no sea silencio amordazado que cantara Miguel Zerolo. En esa isla, el amigo de Barragán no tenía que preocuparse de presupuestos pues según Juanfer […]

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