De omnibus dubitandum

El pasado puente del Pilar, haciendo caso a Mariano I el Breve, tuve un gesto típicamente español. Si George Brassens cantaba aquello de “le jour du 14 juillet, je reste au lit douillet”, yo decidí hacer un viaje fugaz de reencuentro romántico a Trier, una pequeña ciudad de la antigua Prusia, hoy Alemania, no muy lejos de Luxemburgo. No conozco nada más genuinamente español que largarse lo más lejos posible el día de la Patria, así que las huestes marianas tendrían en mí un ejemplo a imitar.  

Lo cierto es que Trier, Tréveris en francés, goza de muchísimos encantos. Además, de ser la ciudad más antigua de Alemania –sus ruinas romanas, termas y anfiteatro incluidos, así lo atestiguan- está situada junto al Mosel, un delicioso río, rodeado de innumerables viñedos, que dan lugar a los famosos caldos de la zona, los cuales tuve el gusto de catar a fondo. La ciudad además tiene muchas iglesias de interés a pesar de su austeridad luterana, una arquitectura civil envidiable, una judería no mal conservada, un casco antiguo lleno de rincones encantadores,… Sin embargo, para los aficionados a la historia de la izquierda, Trier es, por supuesto, la ciudad natal de Karl Marx.  

Así es, Marx era miembro de la respetada e influyente minoría judía de Trier, aunque luego se convirtiera al protestantismo para poder cursar estudios de Derecho, algo vetado entonces para esta minoría. En la Brückenstrasse se encuentra la casa natal que hoy alberga el Museo Karl Marx: una casa burguesa que adquirió en la época de entreguerras el SPD (el Partido Socialdemócrata Alemán) con el fin de destinarla a museo pero que en la época nazi sufrió destrozos en su estructura así como la destrucción de sus entonces ricos fondos. El visitante de hoy puede disfrutar de un extenso recorrido por la azarosa vida de Marx, así como una visión general acerca del marxismo, los países que han hecho del marxismo una ideología de Estado, los crímenes de diversos regímenes dictatoriales comunistas, etc. Todo bastante rigurosa y amenamente expuesto en paneles multimedia y con audioguías muy completas, cabe decir. Por mi parte, puesto que ya había estado en Highgate, al norte de Londres, visitando su tumba, me parecía lógico visitar también su casa natal y cerrar así el círculo.  

Pecaré de inmodestia: estaba familiarizado con gran parte del contenido de lo allí expuesto, lo cual no le restó a mi juicio ni un ápice de interés. Sin embargo, sí hubo un detalle que me resultó curiosísimo y que no conocía. La familia Marx, exiliada en Inglaterra, tenía por costumbre jugar a una especie de juego con otros exiliados. Dicho juego se llamaba “confesiones” y consistía en responder a innumerables preguntas de carácter personal con el fin de intercambiar información con el resto de participantes. Una de las preguntas era acerca del lema que cada cual tenía en su vida. El del patriarca de la familia era “De Omnibus Dubitandum”. “Se debe dudar de todo”. Genial. Lo hago mío. Y seguidamente me pregunto: “¿Cómo es posible que un pensador de la talla de Marx, con un espíritu intelectual del carácter que se infiere de su lema, haya podido ser utilizado como soporte para tantos dogmatismos, tantas sectas, tantas religiones laicas, tantos santones, tanta liturgia, tanta verdad absoluta y tan poquísimas dudas y autocrítica?” Famosa es también la burlona respuesta a su yerno, el socialista francés Jean Lafargue: “Yo no soy marxista”, sorprendido el prusiano ante el aluvión de advenedizos seguidores ansiosos por encontrar un nuevo profeta. Yo, que tampoco soy marxista, pero sí de izquierdas, que contemplo el marxismo de Marx como un ingente trabajo intelectual imposible de abstraer del contexto histórico en que surgió y desconfío de los intentos de elevarlo a ciencia y religión de tantos, me rendí ante esa actitud descreída, escéptica, autocrítica,… que uno descubre en los mejores pasajes de la obra de Marx y que no suele ver por ningún lado en tantos autodeclarados marxistas. Y como modesto pero fervoroso homenaje bajé a la tienda de souvenirs del museo y me compré un imán con el lema “De Omnibus Dubitandum” y que desde hoy luce en mi nevera. Lo de la tasa de extracción de plusvalía absoluta y relativa del obrero manual que fabricó el imán así como el beneficio neto que se lleva el museo lo dejo para otro día.

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~ por Josemi en Martes 16 octubre 07.

3 comentarios to “De omnibus dubitandum”

  1. Hola, soy Pedro Millán. Enhorabuena por el blog. Escribes ameno y bien, con ritmo, me gusta. Te añado a mis favoritos. El catalogo de blogsfera y los enlaces son muy interesantes. Tendré que mirarlos con calma. A seguir pa´lante. ¡Animo!

  2. Muchas gracias por el comentario y por incluirme. Seguiremos a este ritmo, tenemos un compromiso cotidiano con los lectores y con Canarias.

    salud.

  3. No se si siga vigente este blog, pero es muy agradable leer cosas asi, dentro de tanta y tanta porqueria que a uno se le pone enfrente dentro de la red.
    Soy de México y encontre este Blog por que un profesor mio en el Sylabus, puso la frase “De Omnibus Dubitandum”, y hasta ahora descubro por que. Debo mencionar que estudio Economía.

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