Carod, un independentista no nacionalista

Anoche me pegué un empacho de tele. Nada fuera de lo habitual, por otra parte. Después de muchos zapeos finalmente recalé por la Primera. Allí me encontré con el exitoso Tengo una pregunta para usted. Aunque todo el mundo insiste en el origen francés del invento, yo tengo más en la memoria la versión inglesa. Impresionaba ver a Tony Blair bajar al terrero a hablar de las tasas con los estudiantes. El caso es que viendo el debate, esa dinámica pregunta-respuesta que se supone más ágil, me topé con el viejo problema de España. Y con Carod Rovira despachando mandoblazos a diestra y siniestra.  No me da tiempo ahora para abordar un problema enorme como el asunto de la identidad española y el encaje de los pueblos de España, los que quieran encajar, claro. Ya nos iremos metiendo con eso. Quería compartir con el amable y paciente lector mi perplejidad ante la rotunda afirmación del líder de Esquerra Republicana, que espetaba a uno de los asistentes: “Yo no soy nacionalista, soy independentista”.  

Llámenme ignorante pero siempre había creído que para ser independentista había que ser nacionalista primero. Si ser nacionalista es apoyar procesos sociales y políticos encaminados a la vertebración, articulación de una sociedad con vistas a la consecución de niveles mayores de autogobierno,… no entiendo cómo se puede ser independentista sin ser nacionalista. Al contrario, sí se puede ser nacionalista, en mi opinión, sin ser independentista. Uno puede considerarse nacionalista y federalista, confederalista, autonomista, autodeterminista, etc. Una ideología, el nacionalismo, acoge distintos proyectos, todos legítimos. 

Pues no, para Carod Rovira ser nacionalista y ser independentista son cosas incompatibles. Al rato, se me reveló el porqué de aquel intríngulis en que me había metido el político catalán, cuando yo sólo intentaba confundirme con el sofá. Carod Rovira echaba la culpa de todos los males de Cataluña al nacionalismo español, “del que nunca se habla”, y, objetivamente, situaba del lado de los nacionalismos –algo tan común en el actual imaginario colectivo políticamente correcto- la intolerancia, las visiones homogéneas, el antipluralismo, etc. Ejemplo de todo esto: el nacionalismo español. Así, el independentismo aparecía como la solución a los nacionalismos. Mezclando hábilmente el asunto de la legitimidad (derecho a ser independentista) con la oportunidad (necesidad de ser independentista) el sibilino Carod se deshizo de cuanto oponente se presentó a su paso. He aquí como un nacionalista utiliza oportunamente el anti-nacionalismo con el fin de afianzar un proyecto político secesionista.  

Personalmente, no me lo creo. Carod es, mal que le pese, un nacionalista que practica una política nacionalista, la única que realmente puede practicar en el actual escenario. Su proyecto de Estatut no era un Estatut para la independencia sino para la permanencia en España en mejores condiciones para Cataluña. Su independentismo, al que no resto un ápice de credibilidad en su dimensión personal, no puede desplegarse en el contexto político actual. Todo lo demás son filigranas retóricas, que es de lo que suele estar hecha la gran política, algo “de lo que nunca se habla”. Y es que llamar a las personas por su nombre es de sentido común y educación, pero llamar a las cosas por su nombre en política es un raro ejercicio bastante en desuso.

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~ por Josemi en Miércoles 17 octubre 07.

8 comentarios to “Carod, un independentista no nacionalista”

  1. No pude ver el programa y en los resúmenes que he visto se han centrado en la bromita del nombre (y en eso creo que tiene toda la razón este hombre). Quizá, aparte de hablar para la galería, habló más de lo que se entiende que de lo que es. Una forma fácil de explicar que lo de CIU o CC es otra cosa…

  2. Gracias por la visita y el comentario. Uno de los problemas de la “sociedad informacional del espectáculo” en que vivimos es que todo se banaliza y las ideas muchas veces acaban reducidas a anécdotas. Carod dijo cosas de mucha enjundia. No estoy seguro de que el formato ayude a que el debate de ideas dé para mucho más pero sí te aseguro que, en la metrópolis, todo el debate se ciñe a si hay que cambiar los nombres de los catalanes cuando hablamos en español y cosas así. Lo de la distinción nacionalista vs. independentista me pareció magistral a pesar de no compartirla por oportunista. En mi post trato de reflejar la contradicción entre los discursos y la práctica política, que te lleva por otro lado. De la misma manera, cuánta gente hay que se declara, y es, comunista, pero cuando entra a gestionar una mínima parcela de poder se vuelve en el mejor de los casos socialdemócrata convencido. ¿No hay escapatoria?

  3. Por nacionalismo se entiende la defensa de unas pautas culturales concretas y de un imaginario colectivo, además de la lucha por la consecución de estructuras y organismos políticos que aseguren la supervivencia de esa nación en el tiempo y determinadas cotas de soberanía. El problema está en que demasiadas veces, el nacionalismo, que sugre como respuesta a coyunturas en las que una “identidad nacional” se impone al resto, como mecanismo en pos de la diversidad, termina llevando a cabo las mismas estrategias que la ideología predecesora, y termina por sustituir los patrones culturales impuestos. Al final, lo que queda es la sustitución de una imposición por otra.

    La contradicción entre nacionalismo e izquierda está ahí mismo, en que determinados sectores de esta ideología conciben la cultura como una entidad móvil, cambiante, a la que no se le deben poner cotas, y sí librar de la aculturación. Así pues, defender la imposición de la cultura propia finalmente se vuelve una negación de la propia igualdad que la izquierda pretende. Por otra parte, no debemos olvidar que la idea de nación es de reciente creación, corresponde a la etapa de conformación de los Estados capitalistas en el XIX, y surge como elemento cohesionador de los nuevos mercados albergados por las fronteras estatales, donde la burguesía ve facilitada la colocación apacible de sus excedentes, donde se asegura una cota de mercado. La nación concilia, cohesiona las clases en una sola estructura, la Estatal, o al menos es ese el propósito, cuando en realidad, demuestran tener más en común un campesino de Monagas (venezuela) y otro de La Palma, siendo de nacionalidades diferentes, que un empresario y ese mismo agricultor siendo ambos de la isla Bonita.

    Yo entiendo la cultura como un ente cambiante, en constante movimiento, y que pierde vida con los cercados. El conservadurismo cultural, la intolerancia, la xenofobia, el chovinismo, son todo defectos de una excesiva exaltación de lo propio. Por otra parte, y tal y como decía Marx, la estructura determina la infraestructura, y en este caso, las situaciones de clase influyen sobre las distintas culturas, las diferencian, por lo que se vuelve peligroso asociar, en algunas ocasiones, ciertos nacionalismos con la idea de igualdad, porque queda obviada la igualdad cultural. Yo soy independentista y no soy nacionalista, porque entiendo que la independencia es una forma de homologar los derechos que le corresponden a los pueblos, de asegurar su soberanía, máxima democracia y justicia social, pero no pretendo con ello luego imponer una única visión de la cultura, en nuestro caso canaria, como el sustrato cohesionador que venga a avalar las futuras instituciones propias.

  4. Muchas gracias por tu jugoso comentario y por la visita. Quiero dejar claro que cada cual se puede declarar y sentir lo que le dé la gana, bueno fuera. Sólo pretendía constatar lo que yo entiendo que es una contradicción. Leyendo tu interesante aportación caigo en una cosa: pienso que ser independentista y no nacionalista es poco menos que imposible porque soy de la opinión de que el nacionalismo es un fenómeno eminentemente político y no cultural. Me da la impresión de que no compartes esta visión. Como lo cultural es para mí secundario -seguiría siendo nacionalista aunque la cultura canaria fuera calcadita de la castellana- y no estoy por la imposición de ninguna identidad, etc. ser nacionalista no es sino apoyar los procesos de construcción nacional necesarios para acomodar el poder político a la comunidad política. No cabe pues en esta visión el conservadurismo cultural, la intolerancia, la xenofobia, el chovinismo, etc. Creo que esto forma parte de los clichés que se atribuyen al nacionalismo, quizás no injustificadamente porque es verdad que ha habido y hay bastante de todo esto en el nacionalismo, también en el de izquierda. Dicho esto, no creo que sea el propósito del nacionalismo cohesionar las clases en una sola estructura, como tú comentas; ya digo lo que pienso sobre esto en un post acerca del interclasismo. Tampoco me creo ya demasiado lo de que “la base determina la superestructura”: las relaciones entre ambas son bastante más complejas de lo que puede describir la dialéctica. En fin, no sé si te contesto y queda suficientemente claro que para mí no es ninguna contradicción no ser independentista y ser nacionalista y sí lo es ser independentista y no ser nacionalista. Saludos.

  5. El nacionalismo puede basarse en la reivindicación de un espacio económico propio; en la búsqueda de soberanía en el marco político; o en la extensión y defensa de una cultura en retroceso. Por tanto, tiene, al menos, tres dimensiones claras: económica, política y cultural. Así pues, el Estado no existe sin una nación adscrita a él, al menos formal, que no de facto, que de cobertura ideológica a las fronteras que éste se traza, a la actividad económica que cuantifica dentro de esa parcela, y a la soberanía política que posee dentro de su territorio. Las naciones sin Estado, por contra, aspiran a poseer esa estructura racional que posibilite el ejercicio legal de un modelo económico y político soberano, es decir, regido por la propia comunidad a la que se adscribe. Por otra parte, la nación incluye por igual a todas las clases sociales, las uniformiza en torno a una idea cultural pautada que argumenta la propia construcción institucional. ¿Cómo si no defender la unificación de los territorios si no es bajo la idea compartida de una misma identidad nacional? Lo cultural, por tanto, no es secundario, sino que tiene una importancia equiparable a los otros dos frentes descritos. Al hablar de construcción nacional entonces, y hasta de la nación misma, estás utilizando un término eminentemente cultural, con sus connotaciones políticas y hasta económicas, según el bando ideológico. De hecho el nacionalismo cubano de los barbudos de la sierra o el venezolano de Chávez se caracterizan por el uso interesado de este término orientado hacia las clases más desfavorecidas frente a los dominadores de la jerarquía, que son acusados de colaboracionistas de una nación extranjera, la norteamericana. Tal y como se puede apreciar, nacionalismo puro. Así que, compañero, creo que te equivocas al separar la cultura de la política, la identidad canaria del nacionalismo pues, son términos socialmente entrelazados.

    Por otro lado, asegurar que la clase social no modifica la cultura me parece una descontextualización exajerada. Como bien sabrás, la cultura popular (culto al maúro, folclore,etc…) esa que ahora enarbola CC, poco tiene que ver con la contemporánea cultura ilustrada que inspiró la constitución en La Laguna de las “Reales sociedades económicas de amigos del País” que animados por el Marqués de Villanueva del Prado propugnaban la creación de espacios para la investigación y la enseñanza en las Islas. Y para referirnos al presente, también difiere bastante un chaval del Confital con otro, de su misma edad, hijo de la clase dirigente canaria que estudia en los Madriles, que probablemente tenga más en común con sus compañeros peninsulares que con los jóvenes que en las islas comparten su “nacionalidad”. De este modo, la pérdida de vigencia de la dialéctia marxista no simboliza igualmente la importancia de los medios materiales en las jerarquías sociales que llegan, incluso, a modificar nuestro papel como agentes sociales en muchos casos, véase el ejemplo de la ambigüedad crónica de las clases medias ante cualquier brote reformista en los país occidentalizados (que defienden el cambio social siempre que no modifique su estatus material, y terminan por apoyar en gran medida a la socialdemocracia. Eso, querido amigo, es un ejemplo claro de determinismo materialista, es la imposición de la estructura económica sobre la infraestructura ideológica.

    Respeto la contradicción que encuentras, la respeto, pero no la comparto. Y es que, el nacionalismo, por norma general, propugna una única idea cultural, en este caso, un interesado y selectivo imaginario colectivo de la identidad canaria, que se pone al servicio del proceso de construcción nacional con el objetivo de cohesionar al nuevo grupo blindando su naturaleza, impidiendo la contaminación y menospreciando las culturas minoritarias. Y eso, compadre, es repetir el patrón de aculturación al que nos ha sometido España durante siglos.

  6. Saludos de nuevo. Escapa a los propósitos de los que hacemos este blog sostener diálogos interminables con nuestros lectores. Tememos que puedan aburrir a nuestros lectores y/o nos resten fuerzas para mantener el blog actualizado, lo cual es un objetivo prioritario. Por tanto, sin querer ser descorteses, al contrario, agradeciendo muchísimo la atención que nos prestas, queríamos hacer alguna apreciación a lo último que nos comentas:

    1. No es función de este blog repartir carnets de nacionalismo, solamente exponemos nuestro punto de vista con la esperanza de que a alguien le interese. Por eso, admitimos que pueda haber otros puntos de vista acerca del nacionalismo y acerca de casi todo. Es obvio que en este caso, por ejemplo, tenemos visiones diferentes.

    2. Que el nacionalismo “pueda” componerse de esos tres elementos no quiere decir que todo nacionalismo necesariamente “tenga” que componerse de esos tres elementos. Que el nacionalismo “pueda” como concepto tener una dimensión cultural no quiere decir que todo nacionalismo “tenga” que definirse en todo momento y contexto geográfico, histórico, etc. como un “concepto eminentemente cultural”. Por último, como no creemos que las cosas esencialmente sean de una determinada forma y que los humanos tengamos que resignarnos y no podamos participar en su construcción, defendemos un nacionalismo de izquierda donde lo cultural juegue un papel no central.

    3. No recordamos haber dicho que la “clase social no modifique la cultura”. Más bien decíamos que las relaciones entre base y superestructura (no infraestructura) no podían ser definidas, a nuestro juicio, de una manera tan mecanicista como planteaba el marxismo. El hecho de que fuerzas autodeclaradas nacionalistas promuevan una utilización de la cultura en un determinado sentido, al igual que hacen por cierto fuerzas no nacionalistas, no nos obliga a todos los demás a tener una política sobre la cultura. Cabe, incluso, desde nuestro punto de vista, ser nacionalista y rebelarse contra esa utilización. Recogemos incluso esa visión incluyente sobre las minorías que comentas. Porque, repetimos, ser nacionalista no es necesariamente igual que tener un programa en defensa de una cultura en retroceso. ¿O acaso existe un nacionalismo para cada cultura en retroceso que existe en el mundo?

    Gracias por tu participación y hasta la próxima.

  7. El problema está, en que a los mal llamados nacionalismos, en lugar de tildarlos de verdaderamente lo que son: secesionísmos, rupturismos, separatísmos o independentismos, se los llama así, para confundir.

    Para confundir a las masas con el proposito de hacerla creer que entre los falsos nacionalismos y el verdadero (en éste caso el español), existe o hay una especie de vinculación, a todas luces imposible o inexistente.
    ¿Por qué?, es sencillo, porque esos falsos nacionalismos, más que reponder a la idea de una auténtica autodeterminación, de esas falsas naciones (entiendáse Cataluña o Vascongadas por ejemplo), lo que hacen es más bien buscar la ruptura de España como Nación.

    Pretenden los rupturistas, hacer creer (incluso a sus partidarios o votantes), que luchan por la independencia o soberanía de sus “estados”. Pero es del todo falso, como primera medida como digo, su único fin y objetivo es desmembrar a la Nación o Patria verdadera, que repito en éste caso es España.

    ¿A qué le llamo yo falsos nacionalismos? pues muy sencillo. A esas pretensiones que intentan hacernos vender como realidades nacionales y que históricamente son inexistentes. Porque que se sepa, ni ha habido una nación catalan ni una nación vasca ni por ejemplo tampoco una nación gallega. En cambio la história si nos habla de una nación española, con más de dos milenios de antigüedad, algo que creo que es indiscutible.

    Por eso, se hace necesario llamar a las cosas por su verdadero nombre, para no liar más la madeja. Y así, a los falsos nacionalismos, llamarlos independentismos, separatísmos o secesionísmos para no confundir a las masas. Porque con ello parece que lo que se pretende es equipar ideas que absolutamente nada tienen en común.

    Saludos

  8. Lo explico: los griegos, por ej., tenían un fuerte sentimiento independentista ateniense, espartano etc. acompañado de un sentimiento nacionalista griego. La idea de nación y su correspondiente ideología (nacionalismo) hace referencia a un sentimiento de pertenencia en virtud de conceptos territoriales, religiosos o raciales: Nación Española, La Cristiandad, en Bolivia nación camba frenta a los colla, etc. Mientras que el independentismo obedece a un motivo algo menos místico o ideológico y un poco más político y económico. Así las repúblicas latinoamericanas, todas ellas muy entusiastas de su día de la independencia, tienen un fuerte sentido de la Patria Grande en referencia a la Hispanidad (o sea son defensoras de un gran nación hispano-hablante y a la vez de la independencia de Chile, Argentina, Venezuela, Ecuador, Cuba, Guatemala, etc.). De modo que sí, se puede ser indepentista sin por ello perseguir la exaltación de unos valores nacionales específicos diferenciados de los demás. Desconozco si es el caso de Carod Rovira, pero como posible, lo es.

    Matizar el comentario de Bonial sobre los 2000 años de nación española, Ese comentario es un típico caso de nacionalismo que no indepentismo, es decir de exaltación mística de unos valores nacionales más allà de su realida jurídica e histórico. Fijaos bien que el compañero hable de 2000 años de antiguedad, es decir, nada más y nada menos que cuando la mayor parte del territorio ibérico estaba en manos de los romanos y todavía no se diferenciaba España de Portugal. Fijemonos que podría haber dicho 3000 años en referencia a íberos, celtíberos, fenicios, etc. Pero se ve que al compañero la independencia de España le importa muy poco, se mueve sobre todo por un sentimiento de pertenencia. Dicho de otro modo, hace 2000 años no había sentimiento de hispanidad, sino de romanidad. Y frente al de romanidad vagas resistencias por mantener los focos de independencia íbera, más allá de que se sintieran hermanados por un sentimiento de perterencia ibérica frente a la dominación romana. Pensad una cosa, si la invasión francesa hubiera tenido éxito y hubieramos estados sometido a ellos a lo largo de 500 años dentro de 1900 años hablaríamos una variante del francés, y alguién como Bonial defendería que España comenzo con las invasiones francesas como ahora Bonial defiendo que España comenzó con las invasiones romanas. Este es el nacionalismo que nosotros pretendemos oponer a los independentismo? El de aquellos que se sienten orgullosos de pertenecer a un territorio derrotado, sometido y humillado? Pues que queréis que os diga yo me quedo con la España que enfrenta las invasiones napoleónica, no con la España que levanta con orgullo las faces del conquistador romano que violó a nuestras mujeres y masacro a nuestro vecinos.

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