La R.I.C. contada a los niños

Usted tiene almendreros. Dan bastantes almendras, muchas las vende, hace aceite, en fin, les saca un rendimiento,… Como los almendreros están en un sitio alejado, de difícil acceso, todo el proceso se complica. Entre otras cosas, usted tiene que coger el furgón y gastar su buena cantidad de gasolina para regar y recoger las almendras, etc. No es como el que tiene los almendreros en un sitio bien comunicado, por supuesto. La administración, siempre atenta a las necesidades de los productores, establece unas medidas para aminorarle a usted las penalidades y ayudarle en cuanto a los gastos. Durante un tiempo, usted podrá dedicar los impuestos que genera el beneficio de las almendras, en vez de a la hacienda pública, a invertir en su propio negocio: instale usted un buen sistema de riego de forma que no tenga que desplazarse tan a menudo y gaste menos gasolina, por ejemplo.  

Usted decide otra cosa: emplea el dinero que se ahorra de los impuestos en construir un segundo piso a su casa ya ilegal. La administración no dice nada porque quiere llevarse bien con la gente que tiene tierras y otras cosas importantes. Total, son dineros que se irían muy lejos y volverían muy disminuidos. Más vale que los cuartos se queden aquí cerca, aunque sea en el bolsillo del dueño de los almendreros, piensan desde la administración. Cuando a la gente que no tiene tierras ni almendreros le da por preguntar por qué hay gente que sí paga impuestos y gente que no, habiendo tantas necesidades por cubrir, la administración responde que si la gente quiere almendras, hay que ayudar al dueño de los almendreros. A usted, como apenas paga impuestos, el dinero ya le sale por las orejas y no puede seguir construyendo más pisos en su casa ya ilegal, por lo que empieza a considerar la posibilidad de dedicar ese dinero a cualquier asuntillo pero ahora bien lejos de casa: más almendreros, apartamentos, hoteles,… pero lejos. 

A todo esto, la administración, como sólo cobra impuestos a los que tienen más bien poco, empieza a escasear de dinero. A algún alto cargo se le ocurre una brillante idea: pidamos dinero prestado a quien nos lo puede prestar, el dueño de los almendreros. He aquí como el dinero que usted debía pagar en concepto de impuestos a la administración, con el fin de que contribuyera a aliviar las necesidades de aquella gente que ni siquiera tiene almendreros, acaba convirtiéndose en un préstamo por el cual cobra intereses.  Así, la administración se endeuda pidiendo prestado un dinero que, en cualquier otro lugar, debía ser suyo para atender sus cometidos. Poner en la administración al dueño de los almendreros en lugar de a sus capataces es sólo cuestión de tiempo. 

P.S: Pasado mañana martes, 30 de octubre, la gente de Unidad del Pueblo convoca una concentración en contra de la R.I.C., en frente del Banco de España, en la calle León y Castillo, de Las Palmas de Gran Canaria, de siete y media a ocho y media de la tarde. A mí, que no soy de Unidad del Pueblo, pero que me revientan las injusticias y me encantan las almendras, si no fuera porque estoy tan lejos, me gustaría pasarme, no sé a ustedes.

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~ por Josemi en Domingo 28 octubre 07.

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