Trafalgar, segundo asalto

Si un porcentaje aplastante de la población de Ceuta y Melilla se siente española, en su versión más rancia, la prensa metropolitana aplaude las fervorosas muestras de españolidad, que no nacionalismo español, que eso ya sabemos que no existe ni existirá jamás, parafraseando a Felipe. El hecho de que la identidad española que se jalea estos días en las calles tenga todavía mucho de antimusulmán, de cristianos viejos, resistentes en las plazas africanas, militares que invocan el artículo ocho de la constitución, restos de un caduco colonialismo español, etc… no parece provocar ninguna reflexión en los círculos progresistas que tan abiertamente defienden ahora la monarquía con el fin de aislar, aún más, a la derecha republicana que nos ha salido. La visita de los reyezuelos no es sino una visita normal dentro del territorio español por la que nadie debe enfadarse. Lo que toca en este momento es proclamar a los cuatro vientos que Ceuta y Melilla son España y punto, sin mayor discusión, en virtud de los derechos de conquista que asistieron a España en su momento. Del Sáhara ni hablar, por supuesto. 

Si un porcentaje aplastante de la población de Gibraltar se siente británica, entonces estamos ante un malvado plan de la Pérfida Albión que, con trampas y engaños, se ha ganado la voluntad de sus habitantes, cuando no los ha corrompido directamente a base de no cobrarles impuestos y venderles tabaco a precios irrisorios. Y que desfilen con la Union Jack y voten masivamente a favor de la permanencia en el Reino Unido, no es la expresión democrática de un pueblo en las urnas, sino un resto del imperialismo británico como el mismo Tratado de Utrecht, trasnochado en esta época de unión entre los pueblos, un anacronismo histórico a superar mediante la debida restitución del territorio a sus hermanos españoles. Así, el incidente de los submarinos nucleares que eran reparados en La Roca no se contempló exclusivamente en España como un conflicto medioambiental sino como una cuestión de soberanía. Cuando hace un par de años, Andrew Windsor, uno de los hijos de Su Graciosa Majestad, tuvo que parar con el barquito a repostar, toda la prensa metropolitana y la clase política mostraron su indignación ante tamaña provocación. Menos mal que Trillo dejó claro quién mandaba por derecho propio a ambos lados del Estrecho con su emperejilada aventura porque si no alguien podría pensar que España había dado ya por perdido el segundo asalto de Trafalgar.  

En fin, podría seguir ad infinitum señalando el doble rasero que demuestra la muy independiente prensa española a la hora de tratar ciertos temas pero creo que no debo cansarles. Bastante tendrán ya con tener que soportar según qué noticiarios.

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~ por Josemi en Martes 6 noviembre 07.

2 comentarios to “Trafalgar, segundo asalto”

  1. Así es amigo. El afán españolizador es grande.
    Si la “casa” [española] jode a los que están fuera: es que los demás son muy malos.
    Si es a la “casa” [pañola] a la que joden: es que los demás son muy malos.
    En definitiva, siempre estamos mirando la paja en el ojo ajeno.
    CANARIAS LIBRE Y SOCIALISTA

  2. Como dijo el clásico:

    “En este mundo traidor,
    nada es verdad,
    nada es mentira,
    todo es del color
    del cristal con
    que se mira”

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