La literatura canaria, entre dos tránsitos

Ahora que la magnífica novela de Luis León Barreto, Las espiritistas de Telde, sale publicada en su traducción al inglés, recuerdo la primera vez que leí aquel texto genial, crónica viva de la historia pasada y reciente de Gran Canaria. Era todavía un niño y la leí no mucho antes que Sima Jinámar, otra espléndida novela del agüimense José Luis Morales, precursora de los debates actuales acerca de la memoria histórica. Recuerdo también preguntarle a mi abuela acerca de lo narrado en el relato de Barreto y que supo corroborar aun con su anciana memoria algunos aspectos acerca de la familia Van der Walle.  

Ambas novelas, escritas por autores canarios contemporáneos y que ahondan en episodios de la historia canaria del siglo pasado, representan acaso las más recientes obras maestras, junto con algunas de Víctor Ramírez y Rafael Arozarena, de nuestro estéril panorama literario. La ficción canaria de la segunda mitad del siglo XX, si posee una característica común en cuanto a su temática, quizás sea la de situar en horizontes ficticios y hasta míticos el alma de la vida canaria con sus grandezas y miserias. Sus héroes y villanos pueden ser personajes de tragedia griega y aquel familiar lejano o vecino de tu calle. Deambulan conscientemente entre el mito y la realidad con el fin de alumbrar verdades y razones para un tiempo y un lugar, pero también con pretensión de universalidad. Como ha sido la experiencia estética canaria desde sus momentos fundacionales. En estos dos tránsitos, entre lo real y lo ficticio, entre lo local y lo global, hemos de encontrar lo mejor de nuestra literatura.  

La tozuda realidad canaria sigue pariendo caciques y falsos rebeldes, que no son sino las dos caras de una misma falsa moneda, por eso, a nosotros, los “argonauta(s) ilusorio(s) de un país presentido” que cantara Tomás Morales, nos sigue haciendo falta nuestro Macondo, nuestro Sietesitios, para tener el consuelo de que acaso en la ficción sea posible construir un país donde se haga justicia, donde los héroes no sean arrinconados. Quizás en la mitad de alguno de esos tránsitos seamos capaces de encontrarnos y reconocernos.

  

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~ por Josemi en Viernes 9 noviembre 07.

2 comentarios to “La literatura canaria, entre dos tránsitos”

  1. Aunque entiendo que el artículo no pretende, ni siquiera esbozar, un panorama de la literatura canaria, sí omite “imperdonablemente”, en mi opinión, la figura señera de Isaac de Vega. Una obra, la de don Isaac, que se desplegó, en sus inicios, por ámbitos creativos originales. Quizás con ciertos paralelismos, aunque independiente (lo podemos comprobar acercándonos a las fechas de las ediciones), con el maestro latinoamericano Juan Rulfo.
    Isaac de Vega es conocido, básicamente, por Fetasa; sin embargo, toda su obra participa de notables valores. ¿Quién puede rebatir el calificativo de magistral al relato “La posesión” recogido, escribo de memoria, en “Cuatro relatos”; por poner un ejemplo de fácil comprobación.
    Más alejado, pero también insoslayable, es Alonso Quesada, mejor poeta que narrador. El “Poema truncado de Madrid”- seco y áspero- es la recuperación de la capacidad crítica al encuentro con la metrópoli real que sustituye a la anterior, a la mistificada por el bloqueo mental del colonizado.
    De acuerdo con la presencia de Víctor Ramírez; una obra desigual y, aparentemente elaborada con cierto descuido, pero con grandes logros en algunas. Y así podíamos continuar…
    Literariamente estamos por encima, lamento no coincidir con ustedes, de lo que haría suponer la certera caracterización de la sociedad canaria. Además, el panorama literario aparece doblemente oscurecido por la inexistencia de un corpus crítico superador del domesticado que impera. Sin negar la existencia de buenos trabajos; sin embargo, en su mayoría se enfrentan a la realidad literaria de forma fragmentaria.
    Disculpas por haberme alongado un tanto de más sobre el objeto estricto de este comentario; “subsanar” el olvido con Isaac de Vega. Espero poder continuar opinando sobre literatura canaria al menor pretexto que me brinden los editoriales y consideren ustedes de interés.
    ¡Ánimos y saludos!

  2. Efectivamente, supera nuestros propósitos el hacer una historia de la literatura canaria ni muchísimo menos un canon. Así se explica la ausencia de Isaac de Vega (importantísimo hasta el punto de dar nombre al grupo de los “fetasianos”); Quesada (¿quién no ha hecho “un viaje pedante”?) o los Padorno, con el nomadismo de Manolo y las introspecciones en el alma canaria de Eugenio,… ¿Y Maccanti? En fin, imposible. No sé si estamos tan en desacuerdo acerca de la literatura y la sociedad canaria. Tratábamos de defender la idea de que la literatura canaria ha generado un escapismo propio, no para escapar(se) sino para explicar(se) y sí, está muy por encima del resto de la sociedad. Si en algún momento la calificamos de estéril lo hacemos, quizás injustamente, más desde la nostalgia de los autores mencionados que desde la crítica al panorama actual. Quizás lo fragmentario empiece a ser una característica intrínseca de nuestro ser: no hay conciencia canaria, no hay opinión pública canaria, ni experiencia estética canaria colectiva casi,… En fin, gracias por la visita y por el interesantísimo comentario.

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