Silvio, a modo de despedida…

Uno va viviendo y acumulando personas, momentos, ideas,… en su archivo sentimental. A menudo, sólo cuando echa un vistazo a esas viejas carpetas descubre qué importantes fueron algunas cosas, cuán imprescindibles resultaron algunas experiencias vitales para la construcción de su propio recorrido. Algo parecido me sucedió este domingo: eché uno de esos vistazos esporádicos y constaté con cierta melancolía lo fundamental que había sido Silvio, sus canciones, en las gentes de varias generaciones, también la mía. Asistí a su concierto con sentimientos encontrados. El sinsabor de alguna experiencia pasada, la distancia que yo mismo había mantenido con aquél que tantas horas pasadas llenó “de música y lirismo” se mezclaban con los restos de la veneración que le profesé y un inevitable sabor a despedida.  

Su aparición en el escenario tuvo algo de liturgia. Precedido por el excelente conjunto Trovarroco, Silvio ofició un concierto memorable, no porque fuera perfecto, sino porque uno quiere revivirlo y paladearlo una y otra vez. La obertura, que resultó ser también la introducción de Ojalá, fue un delicioso ejercicio de escalas ascendentes y descendentes, como lo es la vida misma o el mismo Silvio canta en aquella otra canción, La escalera, haciendo honor al aliento barroco que recorrió el ambiente. El necio resonó, rotundo, en sus nuevos arreglos por todo el pabellón. Estamos ante uno de esos textos que además de una canción es una declaración de principios. Uno oye a Silvio y cree, sabe, que va a morir como vivió. La espléndida Quiéh fuera nos devolvió a la dimensión intimista que tan bien domina el de San Antonio de Los Baños. ¿Pasará Silvio a la galería de cantantes “muertos” como Lennon y McCartney, Sindo Garay, Violeta y Chico Buarque? Lejos de los excesos de aquel movimiento artístico y musical, antes bien, Silvio y sus acompañantes parecieron recoger la inspiración lúdica del barroco de tal forma que adivinar la canción siguiente se tornó un ejercicio de complicidad en el que el trovador, obviamente, nos llevaba la ventaja. Una a una, Silvio desgranó muchas de esas canciones que nos llevaban hace tantos años a desgañitarnos asesinando una guitarra. Él las revisitó acompañado por sus excelentes instrumentistas y la notable Niurka González, a la flauta travesera y el clarinete, dejando siempre algo más que un buen sabor de boca. Cierto que algunas canciones se prestaban mejor que otras a las nuevas lecturas. Al que esto escribe le resultó especialmente emocionante oír la Canción del elegido, La era está pariendo un corazón, Ángel para un final,… Las Mariposas y los Ángeles resultaron buenas canciones compañeras de aquellas más antiguas. El dulce abismo sonó en homenaje a los cinco cubanos presos en cárceles de Miami precedida por un mensaje solidario de Danny Glover. Y hasta cuando una Gaviota nos sobrevoló, quiso dejarnos “huérfanos, desnudos, heridos, sangrando” de Silvio y sus palabras, pero seguidamente el trovador, inquisidor, nos interrogaba: ¿A dónde van?…  

Generoso hasta la saciedad -¿puede uno saciarse de la buena trova?- un Silvio más íntimo, aún, regaló Te doy una canción, la Pequeña serenata diurna, el Unicornio azul y la mejor versión de Ojalá que yo pueda recordar, con todo el público puesto en pie y ovacionando al trovador. Aquello fue el acabóse. Uno abandonó el lugar con el eco de El colibrí y la flor y el misterio anunciado por Silvio, pero sobre todo con la sensación de despedida mutua que también es en cierto modo un agradecimiento. Gracias Silvio, por haber sido, por haberte dado,… por habernos dejado junto al ejemplo, la palabra.

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~ por Josemi en Lunes 19 noviembre 07.

3 comentarios to “Silvio, a modo de despedida…”

  1. La canción “Corazón” se titula “Quién fuera”. Saludos ;-P o también estuve en el concierto, maravilloso.

  2. Estuve en un concierto suyo el pasado año en Donosti y desde luego que cada puesta en escena resulta excepcional y emblemática, supe de su venida a las islas a través de los componentes de Trovarroco allá en Euskal Herria, ya que al finalizar el recital en el Kursaal no fue difícil acercarse al escenario y hacerle entrega a los músicos de una bandera canaria de siete estrellas con la premisa de estar tanto ellos los cubanos, como nosotros los canarios, en un lugar alejado y bajo un mismo techo, ellos daban el concierto y nosotros éramos los únicos isleños entre el público, esas cosas de la complicidad fraternal.

    Ahora bien, en el transcurso del concierto, al cual acudí como si fuera la primera vez y no queriendo presenciar una mera repetición del primero, sufrí algún que otro momento de rubor, de vergüenza, de rabia incluso por el comportamiento de algún pollaboba entre el público, y no es que buscase una repetición modélica y revolucionaria como la presenciada entre el público vasco, donde se coreó a garganta rajada en “Cuba sí y el Yanquis no” o expresiones de solidaridad con una abrumadora mayoría coreando el “euskal presoak, euslak herrira” propia de la izquierda abertzale, no¡ claro estábamos en Canarias, no en la Habana,no en Euskal Herria, no en Santiago de Chile, etcétera.

    Me dolió un viva cubalibre lejano y prejuicioso como respuesta a otro inoportuno y cortante “viva fidel”, justo al final de unos acordes muy líricos. Me abrumó la permanente insistencia de una chica pidiendo ojalá entre cada canción, así hasta 4 ò 5 veces, cosa que ya sonaba a gramola de bareto o disquetera de karaoke con temas de silvio bajados de internet. Y tanto más me tocó la fibra un tipo sentado tras de mí que además de saberse la letra de todas, todas las canciones y seguir simultáneamente a Silvio en cada tema para estrépito de las filas anexas que compartían el concierto con ese trovador anónimo, en plan triunfito
    posmoderno, llegó a proferir un “´nada de nacionalismos mecagoenlaputa” al momento en que se encadenaron seguidamente varios viva cuba, viva la revolución, canarias libre, etcétera, y es que aquél simplón sabía todas las letras, pero no las había entendido.

    Eso es todo, a pesar de la rabia disipada minutos después de cada sobresalto, entregado con cierta melancolía a escuchar los temas como sabiendo que no volvería a ver un directo más- para el primero atravesé el Atlántico sin pisar España y el segundo tocó por suerte en mi barrio lagunero- queda esa satisfacción de saber que mucha gente descubrió a Silvio por primera vez, muchos otros han sido verdaderamente fieles, y entre unos y otros, se formó durante el concierto una tendencia constante y espontánea de personas que bajaban entre la oscuridad hasta la parte baja para sentarse en el suelo y disfrutar de Silvio lo más íntimamente posible, algo que por lo menos indirectamente boicoteó los chanchullos de la Cajacanarias y su típica venta de entradas con recargo de 3 euros.

  3. La gente de RPC estuvimos al finalizar el concierto con Silvio y Trovarroco en el “backstage” que le llaman, INCREIBLE…

    Les dejo uno de los saludos que Silvio nos grabó para RPC http://www.radiopopularcanaria.com/SilvioRPC.mp3

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