Muerte de un ciclista

Igual que en el clásico de Bardem, la Muerte de un ciclista daba pie a toda una crítica a la hipocresía moral que reinaba en la dictadura, la muerte del ciclista Francisco José Castellano Vera acaecida el pasado martes once en Las Palmas de Gran Canaria desvela claramente la hipocresía de tantos y tantos años de desidia municipal en materia de transporte urbano. Francisco José es víctima por un lado del desinterés mostrado por los políticos y técnicos de la antigua corporación capitalina (Paulino Montesdeoca, más concretamente) que desoyeron la petición del colectivo Las Palmas en Bici para que en el punto exacto donde falleció fuera instalada una valla protectora, pero que siempre estuvieron dispuestos a cuanta “Semana por la movilidad” se les viniera encima; por otro lado, también es víctima de una concepción absolutamente irracional de lo que debe ser el transporte urbano, que toma al coche como el eje en torno al cual debe girar el resto de modos y medios de transporte, poniendo, por ejemplo, a los ciclistas a competir contra los peatones y, como sucedió en el caso de Francisco José, ciclista experto, abocándolo al choque físico con una conductora novata y a la posterior muerte. Más allá de la denuncia hecha por el colectivo Las Palmas en Bici, y de estas modestas líneas, mucho me temo que todo quedará en agua de borrajas y que esta noticia quedará sepultada bajo el aluvión de noticias que se suceden cada día en nuestras islas. O, lo que es peor, de cualquier anuncio de importador de vehículos.

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~ por Josemi en Viernes 14 diciembre 07.

3 comentarios to “Muerte de un ciclista”

  1. La Muerte está donde uno menos se lo espera.
    No existe protección para los ciclistas en la Avenida Maritima si por casualidad un coche salta la pequeña mediana que divide la acera de la calzada o viceversa.
    Ese accidente fortuito ha sido a causa del destino que estaba reservado para ese señor.
    Lamentable que no exista un carril bici seguro en ninguna parte de la ciudad

  2. El destino puede haber jugado una parte en todo esto, sin duda. Francisco José podría haber llegado un cuarto de hora antes o un cuarto de hora después y hoy seguiría pedaleando. Sin embargo, la parte mayor de todo esto se la llevan los seres humanos, más concreamente el ex-concejal del PP, Paulino Montesteoca y el técnico de guardia que aseguraron a Las Palmas en Bici que resolverían el asunto en 2004… y hasta la fecha. Corresponde a la familia decidir si inician acciones legales. También son responsables los que han promovido un tipo de transporte ecológico que consiste en poner a las bicis a competir con los peatones pegados a una autovía sin arcén con coches circulando a toda velocidad. A dios lo que es de dios y al césar o que es del césar.

  3. A esa altura de la Avenida la Calzada tenía arcén, pero se eliminó para dedicar un carril más a los coches. Actualmente la autovía a esa altura es antireglamentaria. Si hubiera habido una valla en ese punto no hubiera fallecido Francisco José ya que no fue el coche el que invadió la acera-bici, sino el ciclista el que cayó en la calzada. Hasta la fecha no se ha dado ningún caso de coches que hayan invadido la acera bici puesto que el bordillo antivuelco parece hacer su función. Está claro que circulando a muy alta velocidad este bordillo no frenaría el choque de un coche.

    Cuando se construyó la Circunvalación de Las Palmas Gc se pensó eliminar un mínimo de carriles de coches en la autovía para recuperar espacio para el paseo y los ciudadanos y descongestionar en parte la Avenida Marítima de la capital. Se perdió esa oportunidad ya que se opuso el fuerte lobby de importadores de vehículos. Ahora tenemos coches por todos lados y la situación se agrava todos los días. Encima se eliminó el arcén que hubiera servido para vehículos de emergencia y como espacio de seguridad para ciclistas, invidentes y niños que pudieran caer accidentalmente a la calzada.

    También me parece lamentable que no exista un carril bici seguro en ninguna parte. La culpa de ello no es de dios, sino del César

    Los ciclistas son parte de la solución, y no del problema. La mayor hipocresía la tienen los políticos, que, como Paulino Montesdeoca, firman colocar una valla en un punto negro frecuente en vísperas del día sin llegar a hacerlo jamás.

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