Dimas, el buen ladrón

San Dimas, ha pasado a la mitología cristiana como “el buen ladrón”. Dimas llevó una vida de latrocinio y corrupción y, por azares del destino, tras sufrir arresto fue condenado a morir en la cruz justo el mismo día en que ejecutaron a Jesús de Nazaret, hijo de carpintero para más señas y sin oficio conocido. Dimas, que conocía los hechos y milagros de Jesús, al verlo crucificado a su lado en medio de toda aquella multitud que hacía mofa del nazareno, salió en su defensa, reconociéndolo como hijo de dios y pidiéndole, de paso, que se acordara de él cuando estuviera en el “Reino de los Cielos”, porque amigos hacen falta en todos lados. Murió así entre dolores físicos indecibles –los crucificados mueren por asfixia al clavárseles las costillas en la base de los pulmones reduciendo su capacidad respiratoria hasta el límite- pero reconfortado el espíritu por su repentino arrepentimiento. No tuvo tanta suerte el tercer crucificado, Gestas, que tuvo los mismos dolores pero ninguna promesa de vida eterna.  

Otro Dimas, autóctono y bastante real, nada mitológico, conejero él, y que tampoco es que haya llevado una vida demasiado ejemplar, volverá a casa por navidad. No sabemos si se ha arrepentido, ni siquiera si siente que tiene que arrepentirse de algo, pero lo cierto es que Dimas Martín forma parte de esos políticos que tanto abundan y que han entrado por derecho propio en el imaginario colectivo como “buenos ladrones”. A diferencia del resto de políticos, ladrones a secas, la gente de a pie sin excesivos miramientos en cuanto a la ideología política o a la ética pública, los aprecia como modernos Robin Hood, que roban a los ricos para dárselo a los pobres. Aunque los campos de lava de Timanfaya no fueran precisamente el bosque de Sherwood y no quede demasiado claro quién fue el Sheriff de Nottingham en toda esta historia, durante la década de los noventa, Dimas pasó a las primeras páginas de los periódicos como un personaje político tan denostado como querido por las masas. El resto de partidos políticos, no mucho mejores que él, cultivaron una vez más la doble moral: “ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedios; contigo porque no vivo, ni sin ti porque me muero” que no es sino otra forma de decir “te detesto pero te necesito”. Por todo esto, no creo que la vida pública canaria y lanzaroteña vaya a ganar demasiado con el tercer grado concedido hoy mismo al político conejero, pero es que lo que espera a Dimas fuera de la prisión de Tahíche no es mucho más transparente que él mismo. Aunque inhabilitado, Dimas vuelve a andar suelto y muchos vuelven a tener un héroe, resucitado después de haber sido crucificado.

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~ por Josemi en Viernes 21 diciembre 07.

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