Arona y el realismo mágico

Un recurso literario muy conocido es el de usar micromundos imaginarios y situar arquetipos en ellos que den pie a la cosmogonía del autor. Así, existe Macondo para García Márquez, Yoknapatawpha para Faulkner y Sietesitios para Víctor Ramírez, por citar sólo algunos ejemplos. Suelen ser trasuntos de lugares reales y cercanos para el escritor: Arataca, el Sur estadounidense, Canarias,… Lo que ya no es tan usual es que un sitio real se convierta en trasunto de un lugar imaginado, que dé pie al surrealismo más inaudito o a una suerte de realismo mágico autóctono en su variante política local. Es la sensación que me queda después de leer en La Opinión de hoy una crónica sobre los avatares municipales en Arona. Si uno logra que la pésima prosa y errores ortográficos del periodista no le distraigan, podrá descubrir intrigas consistoriales, empresarios “bienintencionados” que median entre enemigos políticos irreconciliables, funcionarios aterrados, expedientes atrasados, odio en la mirada y hasta prójimos que se niegan la paz cristiana en la misa. Todo esto sucede en Arona pero podría perfectamente haber sido Macondo, o mejor, Sicilia. 

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~ por Josemi en Lunes 31 diciembre 07.

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