Elegía a un hombre bueno

Mi buen amigo Pepe el Uruguayo acaba de pasar por el amargo trance de dar la última despedida a su padre, a quien también conocí. Desde la distancia, me consuela el poder darle algún alivio en estos momentos haciéndole un rinconcito en este espacio al poema que leyó en el entierro, acompañado de muchísimos amigos. Así se lo ofrecí a Pepe, pensando los dos que quizás más hijos de emigrantes canarios puedan sentir cosas parecidas. Quiero creer que, tras leerlo, mucha gente de las islas, de fuera,… podrá querer un poquito más a sus viejos. Para algunos además es algo que nos hubiera gustado haber escrito.  

A José de León Bonilla, el hombre bueno que me trajo un día, de Pepe, El Uruguayo.  

Te vas otra vez viejo / Te has estado yendo de a poco /A golpitos de recuerdos y dolor.

Tu primera ida fue de tu mente.

Te desmemoriaste viejo y nos memoriaste /y nos importaban los recuerdos / y los lloré.

Te internaste en los países del olvido/pero fuimos juntos por un rato.

Te fuiste un poco más en aquel accidente /y, por entonces, lloré tu ida un poco más,

o la posibilidad de tu ida.

Y fuiste otro José, ocurrente aún, el loco aún / con el caminar más lento y mirar curioso.

Y tu voz recorría la casa y los almuerzos,

mas te fuiste todavía /con aquel montón de sangre en la cabeza…

Te lloré, también, entre las olas de aquella playa del norte:

se fueron tu voz y tus palabras / pero volviste otro poco

a acompañarnos en el patio recién pintado/entre plantitas que respiraban tus alientos…

Otro poco te fuiste más en los preludios de la Fiesta del Socorro

-la primera vez que no ibas a tu pueblo-,

y te ibas unos pasos más /como llevado de la mano por el destino;

te lloré entonces/ como para mojar tu ida /hijo de la sed y los volcanes…

Se fueron despacito tus fuerzas/que no perdiste nunca del todo/ como aferrado al mundo;

casi te vas cuando yo me fui

y en aquel México de vida y de pasiones / desde otra forma de vivir la muerte

estuve a punto de llorarte lejos.

Volví, y más te ibas / pero, todavía, juntos andamos el tiempo;

también a mi, me quedaban menos escalones /y nuevos dolores por conocer…

Pero, entonces, parece que te vas / al menos, tu cuerpo se va

y se queda en ese sitio / donde los cuerpos se quedan…

Entonces empezarás a venir y a ser presencia/y el recuerdo se aparecerá siempre que viva mi memoria;

y serás presente / y te veré en las esquinas del barrio/ o en los cajones del ropero,

y serás de cualquier tiempo y de cualquier pasado.

Serás aquél que me enseñó la televisión cuando no había/ desde tu cama

mirando los dibujitos de la madera del ropero/ donde multitud de gente se agolpaba;

serás quien me llevaba en bicicleta por las calles de Montevideo

acurrucado entre tus piernas / o saliendo, envuelto en una manta

en la cabina del camión / ¡qué alta la cabina del camión!

Serás el chofer del ómnibus de CUTSA,

y yo el pequeño cobrador tirando del cordón para anunciar paradas

serás el canario y conejero/ cuando me llevabas al club canario

y me enseñabas la bolsita de plástico con arena de volcán adentro

y me decías que ese era tu país/ cuando lloraste en la cubierta del barco

mirando ese Teide inmenso/ con una folía a todo meter/ después de 17 años;

cuando me enseñaste Lanzarote sin saberla/ y donde cagaba la pardela/ y los fallos del camello/

y a tirar piedras como los pastores / a silbar, aunque nunca aprendí…

Serás viaje y regreso / emigrante y trabajador, camionero y freganchín,

hombre bueno siempre, tu oficio mas duradero…;

serás alegría y vida  la que siempre llevabas / entre bromas y abrazos

serás el transportista de un furgón verde y amarillo /que cargaba mercancías y amistades

y que un día se tropezó conmigo encabezando una manifestación  ilegal y justa

y que supiste que esa vara verde, como me enseñaste

maduro con la conciencia por delante, estando siempre con los nuestros,

con los mas pobres en dinero, con los mas ricos en valores;

y es que me enseñaste a distinguir la ética como una forma irrenunciable de vivir

y a practicar la solidaridad como costumbre…

Un día, el hijo del Conde de la Vega Grande, me dijo, como un reproche, que no conocía a su padre,

¡Con qué orgullo le dije que él tampoco tenía el gusto de conocerte a ti, ni falta que hacía…!

Viejo, seguiremos con la gente más buena / Seguiré con más fuerza esa enseñanza

y me dedicaré, con más ganas, a luchar por ese mundo que habita en tu corazón y en tu cabeza.

Esa, que en tu batalla particular contra el olvido me imaginó un día,

y me hizo ser, en esa aventura linda con mi madre,  para recordarte,

y para acompañarla ahora, a esa mujer, a quien un día elegiste para tan largo amor.

Seguirás andando en mis adentros, seguirás estando en mis afueras… 

Anuncios

~ por Josemi en Jueves 24 enero 08.

Una respuesta to “Elegía a un hombre bueno”

  1. Me quedo con los versos:
    “Viejo, seguiremos con la gente más buena / Seguiré con más fuerza esa enseñanza

    y me dedicaré, con más ganas, a luchar por ese mundo que habita en tu corazón y en tu cabeza.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: