De vuelta por Irlanda

Lo prometido es deuda y había prometido compartir con ustedes algunas impresiones acerca de mi escapada este fin de semana a Dublín, capital de la rebelde Irlanda. En la “Bella Erín” me sucede como cuando voy a Finlandia, que veo un proyecto nacional que triunfó –aunque en ambos casos con importantes renuncias y pérdidas- y pudo consolidarse a pesar de que la lógica de la política –especialmente la bienpensante- aconsejaran otro tipo de fórmulas. Veo también una constante celebración de la identidad irlandesa, entendida ésta como una exteriorización de símbolos que se ponen a disposición del visitante para que éste se sume y también los comparta o simplemente los ignore. Por cierto, que los cuadros sobre la Rebelión de Pascua de 1916 han desaparecido de la sede de la General Post Office en O’Connell St., la antigua sede de la Asamblea Nacional de Irlanda. No es que el arte universal haya perdido gran cosa pero me parecía una buena muestra de esta celebración pública que comento. Nada de identidades excluyentes, centrípetas,… al contrario, inclusión y aceptación desde el orgullo y la autoafirmación. Poco a poco, a la par que el despegue económico del Celtic Tiger, se ha ido configurando una sociedad multicultural que no afecta a esto que digo, más bien refuerza esta dinámica aperturista. Si han ido a Irlanda sabrán de lo que les hablo. Me atrevo a asegurar además que el peso de la Iglesia es afortunadamente mucho menor que en el pasado y deseo que el laicismo acabe con la lacra que supuso para este país la dependencia de los dictados de Roma, empeñada en instalar “reservas morales” donde quiera que pudiese: Irlanda, España, Polonia,… En cualquier caso, no pretendo presentar un panorama idílico. Una noche compré un periódico a un militante del Republican Sinn Fein, una escisión del Sinn Fein de Gerry Adams que no reconoce los Acuerdos de Viernes Santo. Mal que les pese, creo que la situación actual va a ser irreversible por algún tiempo. No es que tenga la bola de cristal para adivinar la evolución de la sociedad norirlandesa pero no parece que el panorama de una sociedad dividida en dos en cuanto a su pertenencia a la República de Irlanda o el Reino Unido vaya cambiar demasiado. Los acuerdos de paz, además de la recuperación de la autonomía de Irlanda del Norte, suponen una foto fija que retrata una sociedad dispuesta a superar la violencia intercomunitaria, con sentimientos de pertenencia diversos y a la que no parece conveniente poner más en tensión con proyectos políticos unidireccionales que no se ajustan a un mínimo consenso. Esa foto fija puede cambiar pero llevará tiempo. Y es que eso es también la autodeterminación: no exclusivamente un sinónimo de independencia –aunque también es legítima esa interpretación, por supuesto- sino la expresión libre de una sociedad acerca de hacia dónde puede y quiere ésta avanzar sin fragmentarse. Los irlandeses del Estado Libre comparten a día de hoy mucho más de lo que compartían hace dos décadas con sus compatriotas del Ulster y esto en sí mismo es un gran avance, aunque obviamente habrá quien piense que no es suficiente. Por lo que a mí respecta, siempre será mejor que aquel Belfast de muros y alambradas que conocí no hace tanto tiempo atrás.

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~ por Josemi en Martes 29 enero 08.

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