Kosovo

Sé que hoy algunos de mis lectores se sentirán kosovares en su corazoncito. No es para menos. Nace un nuevo país y por fin se hace por métodos democráticos, a pesar de los disturbios de hoy, tras la auténtica barbarie que supuso la descomposición de la antigua Yugoslavia. Aquellos países con problemas nacionales internos –entre ellos de manera destacada, España- se han apresurado a alertar de los peligros del Gran Kosovo que se puede crear con los vecinos albano-kosovares y mostrado una “sincera” preocupación por los derechos de los serbios que viven en el nuevo país, a pesar de las repetidas promesas de Hashim Thaci, primer ministro kosovar, garantizando los derechos de todos los ciudadanos, independientemente de su origen. Debe ser que les gustaba más la Gran Serbia, que ésa sí que respetaba mucho las legítimas aspiraciones y derechos de la población kosovar, además no querer dar argumentos a quienes –dentro del Estado español- insistimos en que los procesos de construcción nacional, secesión, autodeterminación, independencia,… lo que decida la gente, no tienen por qué ser menos democráticos ni menos legítimos –probablemente más- que las naciones creadas en el siglo XV y posteriores. También lo son cuando estas mismas sociedades deciden libremente permanecer vinculados al estado de referencia, como ha sido el caso de Québec y Canadá, donde estas cosas se deciden civilizadamente. Como debe ser. Es obvio que partidos nacionalistas de muchos rincones del mundo van a tratar de establecer similitudes entre el caso kosovar y sus respectivos nacionalismos con el fin de apuntalar sus propias reivindicaciones. Seguramente es desacertado por más que legítimo. Otros  utilizan la bienpensante y acomodaticia situación del resto de los estados europeos para apuntalar sus propios nacionalismos centrífugos. Y es que así no hay manera. Con un cuerpo legislativo internacional perfectamente cohesionado en la perspectiva de minimizar los casos en que las sociedades puedan ejercer su derecho a la autodeterminación, el que los kosovares hayan echado a andar por libre es casi un milagro. No soy ningún ingenuo. Me doy perfecta cuenta de que el apoyo de los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, etc. se inscribe en el complicado tablero de las relaciones internacionales. Sin embargo, a lo que voy es a que independizarse es posible, es una opción política tan plausible como cualquier otra y sólo quienes saben de su precaria legitimidad democrática pueden temer cambios de este tenor. Por eso no me extraña que a Paulino Rivero no le guste la independencia. Total, a mí tampoco me gusta Paulino Rivero.

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~ por Josemi en Martes 19 febrero 08.

8 comentarios to “Kosovo”

  1. Discrepo de tu visión optimista con respecto a Kosovo por varias razones.
    Una de fondo, es la que deriva del respeto al principio del derecho internacional (ya sé que nunca muy de moda) que establece la inviolavilidad de las fronteras nacionales y la integridad territorial. Viene a cuento de la “volubilidad interesada” del derecho a la autodeterminación, que suele reivindicarse hasta que un determinado “cuerpo nacional” alcanza la independencia, desgraciadamente acto seguido se procede a invocar los eternos y sacrosantos principios de la integridad territorial y la inviolabilidad arriba mencionado y a defenderla a sagre y fuego contra el enemigo exterior, pero también, y a veces sobre todo, contra el enemigo interior.
    Por lo que se refiere al caso concreto que nos ocupa, nuestras inclinaciones no deben cegarnos. Por varios motivos:
    Primero, el devenir histórico inmediato de esta situación está bien claro, basta releer los periódicos de hace una década y recordar la política de Milosevic; con respecto a que no se ha derramado una gota de sangre…. íd de íd. Segundo, no podemos perder de vista que esta solución era La Solución desde el mismo momento en que se estableció el “protectorado” internacional sobre la región, sólo era cuestión de tiempo. Tercero, en este caso son flagrantes los intereses geoestratégicos en concurso y la más que evidente “oportunidad” internacional de la proclamación. Cuarto, la inviabilidad real política, económica y social del país, e incluso de la propia proclamación (no se podría haber hecho si no fuera un protectorado). Quinto, el fracaso que supone la homogeneidad racial de todas estas naciones/países de raíz étnica como impugnación per se del pluralismo y la posibilidad de convivencia interétnica pacífica. Sexto, el “problema” con la minoría serbia, asentada mayoritariamente en el norte, ¿se le respetarán sus derechos? ¿se les permitirá la secesión?.
    En definitiva, una serie de puntos oscuros discutibles y de problemas que exigirían abordar esta cuestión desde un punto de vista menos triunfalista o visceral…

  2. Agradezco tu interesantísima aportación, J. Sin embargo, no puedo compartir algunos de los puntos en los que la sustentas. En primer lugar, el derecho internacional no es un artefacto neutral, aséptico, justo e imparcial al que podamos confiar todas nuestras aspiraciones políticas, como pareces dar a entender, asignándole unas virtudes esenciales y atemporales. Es el caso de los nacionalismos secesionistas: toda la legislación internacional está redactada desde el acuerdo interesado en defender los estados ya constituidos e imposibilitar de iure y de facto la constitución de nuevos estados. Comprenderás que no confíe entonces en el derecho internacional como un instrumento de justicia, pues más bien lo considero una arma más en el arsenal de la inmensa mayoría política internacional contraria a la autodeterminación de las naciones. Creo que en esta entrada, y en otras, he dejado clara mi posición en contra de la que llamas “volubilidad interesada” del derecho a la autodeterminación, que no considero ni eterno ni sacrosanto. Por eso, saludo con optimismo las declaraciones del nuevo primer ministro reconociendo los derechos de la minoría serbia, algo que tú pasas deliberadamente por alto. Y si sus aspiraciones fueran las de separarse o unirse a la Madre Patria Serbia, sería partidario de vehicular democráticamente tales aspiraciones. Por otro lado, el devenir histórico de la región es lamentable. También lo es en el Sáhara, Timor Oriental, Palestina, etc., conflictos muy diferentes pero que comparten la característica de ser proyectos nacionales inconclusos. ¿Resta eso fuerza a las aspiraciones nacionalistas? Pues según parece a unas sí pero a otras no, como por ejemplo las de conservar lo que se pueda de la antigua Yugoslavia. No comparto esa visión. Dejo claro también en la entrada la existencia de intereses geoestratégicos. No puedo imaginar una coyuntura internacional en cualquier región del mundo en que no existan. Una vez más, pareciera que el hecho de que éstas existan deslegitima a quienes quieran iniciar un proceso de construcción nacional. Coincido contigo en que la pervivencia de los criterios de homogeneidad racial en la formación de naciones –especialmente en los Balcanes- es una mala noticia. En mi opinión, sólo el paso del tiempo y el cierre de las heridas permitirán el que florezcan naciones étnicamente plurales asentadas en proyectos nacionales diferenciados pero no enfrentados. Esto último te puede parecer triunfalista por mi parte, lo asumo y desde luego soy consciente de que mis inclinaciones andan presentes en todo momento, casi tanto como las tuyas. Sin embargo, no puedo pensar ni que esté cegado ni cargado de visceralidad. En cualquier caso, gracias por pasarte y advertirme.

  3. Comparto plenamente tu exposición, pero no creo que se pueda aplicar al caso de Kosovo. Según creo Kosovo es un territorio que era mayoritariamente Serbio, hasta que empezaron a trasladarse albaneses en masa, hasta hacerse con la mayoría. Todo con la connivencia de Albania, claro está. Por eso los serbios se sienten saqueados. Me pone los pelos de punta ver cómo en las celebraciones ondean banderas albanesas por todos lados, y no hay casi ninguna kosovar (esa azul y amarilla), lo cual es muy significativo.
    Además, a Serbia no se le ha dado oportunidad de dialogar. Se le planteó la independencia como solución, y a pesar de estar dispuestos a ceder en todo menos en la independencia, no se les concedió margen de maniobra. Desde luego que no se puede justificar el pasado de Serbia, ni lo que quiere una parte de su población, pero ni sus actuales dirigentes son Milosevic ni arrojar ahora a Serbia en manos de ultranacionalistas promueve la tan necesaria estabilidad de la región. Efectivamente se trata de un tablero de juego en el que erl bienestar de los balcanes no es una prioridad. Y volvemos a jugar con fuego.
    Un saludo, y felicidades por tu blog, como dice un amigo mío, aportas una perspectiva canaria del siglo XXI.

  4. Sin pretender pontificar, el asunto es que uno no puede pretender, en mi opinión, que el origen de los conflictos sea la única clave desde la que explicar un problema y alumbrar una sucesión. Efectivamente, lo que cuentas es así. Te pongo otro ejemplo: Antes de la partición de 1916, los condados del Ulster eran más que los que ahora conocemos como ULster o Irlanda del Norte (disculpa pero no recuerdo los números exactos). Los ingleses hicieron un cálculo para quedarse con una zona donde hubiera mayoría protestante y minoría católica. La política demográfica católica ha revertido esta situación pero, a lo que voy es a que cualquiera que sea el origen de todo esto, es innegable que una salida a la solución actual del conflicto norirlandés pasa por la expresión democrática de la población que hoy vive allí, cualquiera que sea su origen. Esto, de alguna manera, es lo que ha sucedido en Kosovo. Kosovo era la cuna de Serbia, como la actual Karelia rusa lo es de Finlandia, pero ¿y ahora? ¿Podemos decir lo mismo? Seguramente es injusto pero es la realidad. De la misma manera, tampoco se puede obviar que, mal que nos pese, a día de hoy, en el Sahara ocupado hay una importante población de colonos marroquíes que algo tendrá que decir en un referéndum de autodeterminación saharaui. Y, en cuanto a las banderas,… no me gustan mucho, en general, pero creo que, con el tiempo, la bandera del nuevo estado (azul con estrellas blancas y el mapa del país en amarillo será mayoritaria frente a la albanesa, roja y con un pajarraco negro). Hay que dejar que se asienten las cosas. Quizás no sea el mejor de los arreglos pero es desde luego una expresión de soberanía inapelable, aunque a los serbios -y a los españoles- no les guste. Gracias por pasarte y por eso de la perspectiva del siglo XXI. No lo había pensado.

  5. Muy buenas. Me tropiezo por casualidad con esta entrada y con el minidebate apasionante que ha generado.

    Coincido con quienes plantean que la independencia de Kosovo no es una buena noticia para nadie (ni siquiera para los que defendemos el derecho de autodeterminación de los pueblos), salvo para EEUU, su aliado incondicional, el Reino Unido, Albania, y algún que otro Estado semisoberano o ultradespistado.

    El equilibrio poblacional de Kosovo se ha decantado a favor de los étnicamente albaneses en menos de un siglo. Y ahora son Estado independiente.

    ¿Por qué no aplicar el mismo principio con el Sáhara Occidenta en un eventual referendum en el que participara la mayoría marroquí llegada en las últimmas décadas? ¿O en Fuerteventura dentro de tres décadas? ¿Y si allí hubiera mayoría marroquí dentro dentro de, pongamos, 30 años, defenderíamos también su derecho de autodeterminación? ¿Cuántos pogroms en contra de ellos por parte de la población autóctona serían necesarios para que la OTAN pontificara que hay que darles la independencia?

    A mí esto no me parece una buena noticia.

    Gracias por tu página, interesantísima.

  6. El ejemplo que planteas para ser válido debiera incluir en ese supuesto referéndum a la inmensa mayoría del pueblo saharaui, que hoy vive refugiado y es independentista. Sin embargo, no se puede prohibir que gente de origen marroquí que lleva treinta años viviendo en el Sáhara o que incluso ha nacido en el Sáhara no tenga nada que decir con respecto al futuro del territorio. Es de democracia elemental. En mi opinión, el paralelismo que estableces con Fuerteventura no entra dentro de la política real. La cuestión es más simple, creo: en esto de la voluntad de algunos pueblos por autodeterminarse, ¿nos dejamos llevar por las siempre interpretables raíces históricas o por la voluntad presente de la sociedad? ¿Defendemos la autodeterminación como un valor en sí mismo en tanto sea la expresión democrática de un pueblo o sólo en función de nuestros intereses o de si no le gusta a EE.UU o de si la composición étnica tal o cual la sustenta? Como creo que queda obvio, yo defiendo siempre el derecho de la autodeterminación de una sociedad si ésta se expresa libremente en tal sentido, apoyándose en criterios de carácter democrático y no histórico-étnicos. Muchas gracias por pasarte y por los piropos a la página. Eres bienvenido.

  7. Estimado Josemi. Ahora me queda claro tu punto de vista y, en líneas generales lo comparto. Lo que ocurre es que, como todo principio político (y, por tanto, pragmático) hay muchas variables que pueden influir en su aplicación; y esas variables pueden ser, digamos, espontáneas, o, por el contrario, el producto de acciones premeditadas destinadas a influir en el transcurso de los acontecimientos.

    Creo que estaremos de acuerdo en que la situación en los Balcanes es, y ha sido en el último siglo, muy complicada. Es por eso que aquí, si cabe, entran en juego más factores aún que en el caso saharaui, por ejemplo.

    Mi pregunta es, entonces, ¿se debe aplicar a rajatabla este principio democrático, cuando el demos que allí habita (el saharaui, el serbio, el que sea) es sustituido en un corto plazo de tiempo por otra etnia, no como consecuencia de movimientos poblacionales “espontáneos”, sino como consecuencia de decisiones políticas que, por parte de algunos países (Albania, en un caso, Marruecos, en el otro) pretenden extenderse mediante una política expansionista? ¿Es esto realmente aplicar un principio democrático? ¿O caer en la trampa de los que utilizan la democracia con fines antidemocráticos?

    Incluso si la Gran Albania, no es más que un mito proserbio (algo que ahora mismo no podemos todavía saber), haber concedido la independencia a los albaneses de un territorio que hasta hace nada era el sur de Serbia, pone en una situación muy delicada a Macedonia (con un 25% de población de etnia albanesa) y a Montenegro; por no hablar ya de la que se puede montar en Bosnia-Herzegovina, en Osetia del Sur… y así un largo etc, si se aplica el mismo principio que en Kosovo.

    Pensando en este escenario, no creo que convertir Europa en un mosaico de Estados monoétnicos y monolingües sea ningún avance democrático.

    También quiero decir que cuando nombraba antes a EEUU, no es porque piense que su apoyo (o lo contrario) sea por sí sólo un criterio para estar a favor o en contra de la independencia de Kosovo; sino porque, en mi opinión, está claro que EEUU está interesado en mantener buenas relaciones con un socio estable (como lo es, en este caso, Europa). En lo que no está, en ningún caso, interesado es en que ese socio sea tan estable y tan fuerte que supere a los propios EEUU en la 1ª División de las economías mundiales. Si para eso tiene que desestabilizar un poco los Balcanes (perjudicando, no lo olvidemos, también de ese modo a Rusia, el más poderoso aliado de Serbia), no dudará en hacerlo. EEUU tiene ahora una nueva área de influencia en el sur de Europa. Buena prueba de ello es que 17000 (hablo de memoria) soldados de la OTAN se desplegarán en Kosovo en los próximos meses.

    ¿Y todo esto lo hacen por el bien del pueblo kosovar?

    En mi humilde opinión, no tener en cuenta todos estos factores, es perder de vista que aquí se juega muchísimo más que la independencia de un pequeño pueblo oprimido: estamos ante un nuevo movimiento de la partida de ajedrez que las Grandes Potencias (primero el Imperio Otomano, Rusia y el Imperio Británico, ahora EEUU + GB + UE y Rusia) llevan jugando desde finales del siglo XIX.

    Y en esta partida, créeme, poco o nada tienen que ver los intereses de los pueblos concernidos. Es un ejemplo, al menos a mí así me lo parece, de frío cálculo geopolítico que no piensa en la vida de las personas o de los pueblos, sino en “áreas de influencia” y en “equilibrios de poder”.

    Un saludo.

  8. Estimado Agustín: muchas gracias por tu interesantísima aportación.

    A mi juicio, debiéramos dejar de lado los intereses de terceros en todo esto, pues casi siempre suelen ser espúreos. No soy tan ingenuo como para pensar lo contrario. Dicho esto, debiéramos también considerar la situación de facto: un pueblo desplazado ocupando un territorio que históricamente no le pertenece pero en el que se han acabado por asentar, dando lugar a una situación no exenta de riesgos pero también de oportunidades. Ningún estado de la zona será monolingüe o monoétnico aunque alguien lo pretenda en un plazo razonable de tiempo. En eso, la Unión Europea y la ONU pueden jugar un papel de influencia positivo, pero sin apoyar a uno u otro en función de intereses propios que no sean la paz, la democracia, la estabilidad de la zona, etc. Y lo que sí trae de bueno es que es el fin definitivo de los planes expansionistas de la Gran Serbia. Lo de la Gran Albania, en mi opinión, no deja de ser un proyecto de consumo interno más que algo realmente viable. Soy de la creencia de que si la nueva situación se estabiliza lo que hoy parecen trozos rotos de un jarron hecho añicos podrá componer en el día de mañana sociedades multilingües, multiétnicas,… que habrán construido un nuevo consenso sobre la “razonable” satisfacción de los intereses de cada parte, aunque ahora algunos -los serbios- piensen que han sido agraviados. La historia de Europa está llena de ejemplos así: Alsacia, Lorena,… Supongo que soy un optimista irreductible. Todo podría salir mal, también, pero creo que esto no es mal arreglo. Los nacionalistas centrípetos han sido los más insistentes en descalificar la voluntad democrática de los kosovares. Creo que demuestra su natural querencia por desvirtuar el peso de la democracia cuando no les conviene. Yo, personalmente, pienso que en todo esto se va a ganar más de lo que se pierda. Nuevamente, gracias por pasar por aquí.

    Jose

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