Millo

Leo que el queso de flor sale de nuestras fronteras naturales. Ya ven, dos cosas que no tienen las “naciones históricas”. Sin embargo, un amigo recién llegado de las colonias me trae gofio de las islas y constato cómo el tradicional gofio de millo se ha convertido, supongo que por razones de marketing aderezadas con nuestra endofobia autóctona, en gofio de maíz. Como lo leen. Yo ya había tenido noticia del asunto en el blog Canarias Posible pero quise verlo con mis propios ojos. No puede ser. Uno reivindica el habla canaria como parte constitutiva de nuestro ser colectivo, pero no sólo: también como un tesoro lingüístico, un homenaje a la expresividad isleña, lleno de matices y detalles que sólo ella puede contener y expresar. No podemos también amputarnos ese trozo de alma. Yo, por ejemplo, procuro que sea un elemento característico de mi escritura de tal forma que ésta pueda ser identificada como canaria y universal. Y aunque haya quien pueda decir, con razón, que la denominación de millo es confusa para el consumidor foráneo, uno, qué quieren que les diga, seguirá prefiriendo toda la vida la sonoridad de la palabra “millo” que me habla de nuestra conexión atlántica, portuguesa y del molino de gofio de mi infancia. No seamos extranjeros también en la patria de las palabras.

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~ por Josemi en Domingo 9 marzo 08.

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