Paisaje después de la batalla (I)

Los resultados electorales me han dejado un amargo sabor de boca. Circulan ya por la red –este espacio donde nos encontramos casi todos- análisis más completos y sesudos que los míos. Les invito a leerlos. Sin embargo, en un blog de política que se precie, como éste, no debe faltar aunque sea un bosquejo de impresiones sobre lo ocurrido ayer y a esa tarea me pongo de inmediato. Inicio aquí una serie de reflexiones que continuará en los próximos días. Será un honor que quieran compartirlas conmigo.  

Si tengo que elegir el aspecto que más me preocupa de lo acontecido en estas elecciones, éste es sin duda el desolador triunfo del bipartidismo. Los datos son conocidos. No estamos ante una tendencia que nos pueda gustar más o menos, sino ante un empobrecimiento ¿irreversible? de la calidad de la democracia en que vivimos y ante el que no podemos cerrar los ojos. Un sistema político donde la decisión de los ciudadanos se reduzca en la práctica a elegir entre dos fuerzas que están de acuerdo en lo esencial y cuyas diferencias –más allá de la artificiosidad y la teatralización del debate político- se reducen a lo accesorio, es un sistema deteriorado, herido, tocado en sus esencias. El debate Solbes-Pizarro fue un excelente ejemplo de esto que digo: el anterior Presidente de Endesa tuvo que poner encima de la mesa el despilfarro de la obra de Bermejo y la ilegalización tardía de ANV para marcar alguna diferencia con su “oponente socialista”. Estaban prácticamente de acuerdo en casi todo. Es una representación vana, una caricatura de lo que debía haber sido y no es, en parte por un sistema electoral orientado al propósito de la desvirtuación de la democracia pero también por la voluntad de muchos ciudadanos que, libremente, apuestan por este modelo binario. Sólo en aquellos lugares donde existen partidos nacionalistas se da un panorama electoral diferente, lo cual muchas veces no implica un nivel mucho mayor de pluralidad de ideas. ¿Hacia dónde vamos pues? ¿Hacia un bipartidismo sin la sociedad civil y la larga tradición democrática de otros países? ¿Cuál será el panorama en un par de convocatorias? 

Gran parte de la responsabilidad de haber llegado a esta situación la tiene también una izquierda desnortada y denostada, más preocupada en pelearse consigo misma y sus fantasmas que en establecer un diálogo constructivo con la sociedad y no este monólogo sórdido y a veces ensordecedor que a ningún lado lleva. El que la ley electoral sirva fielmente al propósito de llevarla a la marginalidad no oculta lo eficaz que esa misma izquierda ha sido para lograr tal objetivo. En las semanas previas al nueve de marzo recibí, al igual que seguramente muchos de ustedes, muchos comunicados de diferentes organizaciones sociales expresando su opinión ante la cita electoral. Unos parecían sacados de algún otro siglo y país, otros desconsideraban de una manera absolutamente acrítica los inconvenientes del voto útil,… Por ningún lado una mirada realista hacia el panorama que se avecinaba o una consideración crítica del arrinconamiento al que la izquierda a la izquierda del PSOE se ha dejado arrastrar.

No dispongo del bálsamo de Fierabrás para dar soluciones a un problema de dimensiones tan enormes. Simplemente quería dejar constancia de lo que considero el principal problema de lo acontecido ayer. Hoy tenemos una democracia más pobre, con más límites, menos preparada para expresar la pluralidad de una sociedad cambiante a la que, sin embargo, han conseguido encorsetar este sistema político y las dos grandes maquinarias electorales que paradójicamente parasitan a este mismo sistema y le dan sustento. Mucho habrá que cambiar si no queremos vernos arrinconados en esta concepción de la política que, sospechosamente, cada vez más se asemejaría más a Eurovisión si no fuera porque en el concurso musical hay más donde elegir.

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~ por Josemi en Lunes 10 marzo 08.

Una respuesta to “Paisaje después de la batalla (I)”

  1. Hemos asistido a la cosecha de un sistema que se perpetúa a si mismo. El bombo y platillo de los debates bicolor, el bombardeo constante de lo medios de comunicación presentando dos únicas maneras de entender la política, la violencia dialéctica focalizada en los dos grandes partidos , han causado la fagocitación política de las otras visiones posibles.

    El esquema de la gran metrópili del mundo se nos impone sibilinamente.

    Salúos.

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