Canarias, de espaldas a África

Y a veces hasta “contra África”. Sin embargo, el tiempo pasa y es urgente acabar con esta esquizofrenia colectiva de unas islas en África que hasta hace casi nada pretendían ignorar lo que ocurría a sesenta millas de sus costas pero que ya no pueden jugar a cerrar los ojos al drama de la inmigración clandestina desde los países africanos. Cuando el primer gobierno de Zapatero, parece ser que por gestión de José Carlos Mauricio, ubicó la sede de la Casa de África en Las Palmas a mí me pareció una excelente idea. Semanas después tuve noticia de que bastantes colectivos canarios habían protestado enérgicamente contra dicha iniciativa a la que calificaban, entre otras cosas, de neocolonial. “La caza de África”, decían. A la vista de la actividad de la Casa de África, no diría yo que esta institución es precisamente Caperucita, pero tampoco el lobo. A nadie se le esconde que el interés de la clase empresarial canaria en el continente no es precisamente filantrópico. La presencia de grupos canarios de inversión en Cabo Verde y Senegal no responde sino a una estrategia de posicionamiento corporativo en mercados que se consideran potencialmente interesantes para el capital canario. La RIC, además, da bastantes alas en este sentido. Si leen con atención la entrevista a Paulino Rivero hoy en el Canarias 7 verán de lo que les hablo.

Sin embargo, teniendo esto muy claro, no sé yo si comparto esta crítica absolutamente negativa al desarrollo económico en sentido clásico de los países vecinos. Me explico: muchas veces estos argumentos, aunque bienintencionados, me parece que están cargados del paternalismo de quienes en el primer mundo vivimos razonablemente bien y hasta podemos dedicar nuestro tiempo libre a internet, dejando el revolucionarismo para los pueblos del tercer mundo. Por no hablar de la buena conciencia que a más de uno se le queda promoviendo no sé qué invento que jamás utilizaría en su cómoda existencia pequeño burguesa. No me hago ilusiones. Sé que la penetración del capital puro y duro en países empobrecidos, con instituciones a menudo corruptas, sin sociedad civil, etc. puede generar estragos. A las personas comprometidas con la justicia social en el mundo, también en África, nos toca un papel vigilante, cooperador, en la denuncia y en la exigencia. Tenemos que “exportar” el catálogo de derechos y conquistas sociales del que disfrutamos en nuestra acomodada sociedad. Lo que pasa es que yo, no sé ustedes, ya no me trago demasiado la tesis de la desconexión de Samir Amin, que para la intelectualidad en Dakar puede ser muy estimulante, pero que no va a frenar, me temo, el dramático flujo incesante de personas que arriesgan su vida para conseguir tener una vida parecida a la que nosotros tenemos y que seguramente tienen preocupaciones más pedestres que la del señor Amin, dicho sea esto con todo respeto a un pensador de la talla del egipcio.

Alguien podrá objetar que “ni tanto ni tan poco”, “ni permanencia en el atraso, ni entrega al capital”, “hay terceras vías, la cooperación al desarrollo, el desarrollo sostenible,…”. De acuerdo, sostengo, pero el problema es que la dimensión real de estas iniciativas es la que es; más allá de su valor ejemplarizante y loable inspiración no parecen tener peso en el nivel macroeconómico, además de no estar exentas de riesgos y efectos negativos,…; después de años de aplicación tampoco parecen haber resuelto los graves problemas que dan origen entre otras cosas a las migraciones. Ha hecho más por el bienestar del continente africano China, en cinco años de intercambio comercial de bienes de consumo a bajo precio, que tantas y tantas políticas de ayuda al desarrollo en Etiopía, por citar un caso paradigmático. Cabo Verde, por ejemplo, es la Canarias de hace cincuenta años, como cuenta todo el que va. No nos cerremos en banda a que Cabo Verde, tratando de no cometer nuestros errores, pueda alcanzar el razonable bienestar del que disfrutamos en las islas y que ahora se apoya en, entre otras cosas, su inaceptable malestar.

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~ por Josemi en Domingo 30 marzo 08.

2 comentarios to “Canarias, de espaldas a África”

  1. Hola!. Una pequeña aportación. No vivimos tan bien en Canarias, como colectividad social, las bolsas de marginalidad son cada vez mayores y los casos de miseria son cada vez más sangrantes. Por otro lado, la intervención empresarial en África busca la optimización de inversiones y la extracción máxima de beneficios. Invertir poco con ayuda de las corruptas burocracias con altas plusvalías en base a salarios de miseria y creación de condiciones de dependencia. Yo, desde Canarias y desde los países enriquecidos, veo más factible luchar por la abolición total de la deuda externa y en una asesoría profesional a los procesos autónomos africanos, según la demanda. África está así por el colonialismo, el neocolonialismo contribuye a sostener esa situación de vasallaje.

  2. Gracias por tu aportación. Supongo que todo es cuestión de medida y perspectiva. Yo creo que, comparada con los países de su entorno, Canarias es un país muy desarrollado -sin negar sus problemas- y por tanto tiene una obligación a la hora de contribuir al desarrollo de África, sus países vecinos, en la medida de sus posibilidades. Dejar esa tarea exclusivamente a la solidaridad no me parece ni realista ni efectivo, aunque tampoco se la dejaría a los tiburones de la economía canaria. Por otro lado, coincido con tus propuestas de abolición de la deuda externa y transferencia de conocimiento en forma de asesoría profesional a los países africanos. Un saludo.

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