¿Todos a participar?

El asunto de la participación ciudadana es, como casi todos, más complejo de lo que pudiera parecer. De un tiempo para acá, la izquierda social, los movimientos sociales,… pero también la izquierda política parecen haber asumido la reivindicación de una “democracia participativa” como conjuro contra los males de la desinformación, el oscurantismo, etc. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta qué es exactamente eso de la “democracia participativa”. Según parece el término en sí puede tener su origen en los llamados presupuestos participativos puestos en marcha por la izquierda brasileña en la ciudad de Sao Paulo. Al calor del movimiento antiglobalización se habría extendido la idea de propiciar una mayor implicación de la ciudadanía en la cosa pública, en la toma de decisiones, etc. Canarias no ha sido ajena a tal reivindicación y a mí, en líneas generales, me parece buena idea: una ciudadanía informada, activa, con voluntad de participación y corresponsabilidad puede ser un buen antídoto ante tentaciones totalitaristas y autoritarias. El problema es la concreción de todo esto pues la participación requiere de unas condiciones previas que no siempre se dan: conocimientos necesarios, cauces, tiempo material, una voluntad que vaya más allá de lo puntual,… ¿Tienen culpa de todo esto los políticos? A mi juicio, no.  Si no se tiene conocimiento sobre determinadas cuestiones –algunas muy complejas- casi es mejor no participar. En el terreno de los cauces, gracias a las nuevas tecnologías se ha avanzado mucho, sin embargo, no siempre es esto por sí solo suficiente. Para poder participar con ciertas garantías hace falta un tiempo que con las jornadas laborales actuales no todo el mundo posee. No todos los temas concitan el mismo interés ni ansias de participación. Es más, la gran mayoría, con ser importantes, no concitan ninguno. Hemos de admitir sin ambages que el objetivo de la participación ciudadana, más allá de lo inmediato y lo concreto, es difícil de realizar en óptimas condiciones, lo cual no equivale a desterrarlo de entre nuestras aspiraciones. Leo en el Canarias 7 que “ningún diputado atiende las preguntas de la gente”, aludiendo al escaso éxito de uno de los mecanismos de participación que recoge el Parlamento de Canarias, esta vez por culpa de la nula voluntad de Sus Señorías. En el podcast que tuve ocasión de grabar con los amigos de Canarias Posible, ya comentamos el discretísimo eco que había tenido el “debate social” de la Estrategia Canaria de Lucha contra el Cambio Climático. No es por ser gafe pero, o mucho cambia el patio, o auguro resultados parecidos a la iniciativa que acaba de lanzar el Gobierno de Canarias para discutir la Reforma del Estatuto. Sé que a la mayoría de la clase política el objetivo de la participación ciudadana se la trae al pairo y que viven muy cómodos instalados en el “cheque en blanco cuatrianual”, pero, cada vez más, estoy convencido de que debiéramos manejar la consigna “por una democracia participativa” con más cuidado y conciencia de nuestros propios límites. Detrás de nosotros no están las masas pidiendo a gritos mayor participación. Quizás así, midiendo mejor nuestras fuerzas, seamos más capaces de lograr una participación que al menos sea de calidad.

 

P.S.: Para los interesados en los debates acerca de la participación en las sociedades occidentales, les recomiendo el excelente libro Poder político y participación popular, de Eugenio del Río, en Ed. Talasa, Madrid.

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~ por Josemi en Sábado 14 junio 08.

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